Regio picnic bautismal

ANTONIOBURGOSCOMO a los vecinos se les suele pedir sal, aceite e incluso el

POR ANTONIO BURGOS
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COMO a los vecinos se les suele pedir sal, aceite e incluso el asiento a la lumbre que establecían para los soldados las Reales Ordenanzas de Carlos III, solicito a Ignacio Camacho, mi dilecto paredaño de página, que me preste la cita de su brillante artículo sobre la Corona Británica que la fotógrafo americana Annie Leibovitz confundió con una pamela de las carreras de Ascot, pidiendo a la Reina Isabel II de Inglaterra que, para que saliera menos formal en el retrato, se quitase la que creía prenda de cabeza y no símbolo mágico de la Monarquía. Y sigo pidiendo a mi querido vecino la sal de su redondo texto, con lo que Isabel II respondió a la «democrática» retratista: «¿Menos formal? Qué se cree usted que es esto?».

En mal sitio fue Annie Leibovitz a poner la era. Eligió nada menos que un pueblo como el británico que tiene a orgullo sus tradiciones monárquicas y que no se avergüenza de ellas. Donde sigue imperando la pompa y circunstancia de los símbolos mágicos del poder arbitral de la Corona, sin rebajas ni demagógicas y oportunistas puestas al día. La fotógrafa americana hubiera sido feliz el domingo en los jardines de ese chalé buenecito de los alrededores de Puerta de Hierro al que, en la España del Palacio de Oriente, en la España de Aranjuez, de La Granja o de los Reales Alcázares de Sevilla, le pusieron un día el mote de «Palacio de La Zarzuela» y le gente tragó con el apodo. Precisamente por todo aquello que la Reina de Inglaterra odia y los monárquicos por razones estéticas lamentamos: por la demagogia de que un Rey que viva en un chalecito es más «democrático» que un Monarca que resida en el Palacio Real de su augusto abuelo. Annie Leibovitz hubiera sido feliz con esta Corona de diseño que tenemos en España, cómoda, facilona, que paradójicamente es la que aparentemente encanta al personal. Personal que no conoce otra cosa y al que se le ha hecho creer que todo el fasto histórico y cultural de la Monarquía es facha, carca y reaccionario.

¡La que se perdió el domingo la fotógrafa americana! Era bautizada una Infanta de España, la segunda hija del heredero de la Corona más antigua y con más tradiciones que tuvieron nunca ni la Corte de San Jaime ni la Reina de Inglaterra. De haber venido a retratar el evento, probablemente Annie se habría dirigido a la Catedral de la Almudena, lo lógico para un bautizo regio. Una señora de la limpieza le habría dicho que allí no había bautizo alguno. «Ah, entonces será en la capilla del Palacio Real», pensaría. Y la fotógrafa se habría dirigido entonces al viejo palacio de Alfonso XII y de la mejor tradición populista de la Monarquía. Donde el que vende los billetes para la visita turística le diría que si bien no había bautizo alguno en la Capilla de Palacio, pagando su entrada podía visitarla si le apetecía.

Porque el bautizo regio de Su Alteza Real Doña Sofía de Borbón y Ortiz (q.D.g.), al contrario de la corona de Isabel II, no solamente no era menos formal: era absolutamente nada formal. En la España de una histórica Monarquía constitucional consolidada y garante de las libertades, el bautizo regio, como marca la tabla de la cuesta abajo, no era solemne administración del sacramento en catedral o en capilla, sino una especie de picnic en unos jardines de un pedazo de chalé, pero chalé. Picnic bautismal, pero picnic. Trajeron el agua del Jordán, ¿Para qué, monseñor Rouco? Si el ambiente era todo lo más de agua bendita de Lanjarón, no de Jordán ni de solemnidades, todo de trapillo. A la fotógrafa Annie Leibovitz le hubiera encantado ver a su Majestad la Reina en pantalones. Y encima haciéndole la competencia, retratando a la nieta cuando la sacaban de pila. Pila de Santo Domingo de Silos que tampoco sé qué pintaba allí: si lo que pegaba en el picnic bautismal era una pila de Leroy Merlin. ¡Qué picnic más democrático, que Familia más normalita!