Editorial ABC

El redescubrimiento del centro

Sánchez usa la piel de cordero para rebañar votos de un centro al que ha despreciado desde que puso el pie en La Monclo

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La carta enviada por la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, a Albert Rivera es un ejercicio que combina el fariseísmo y el cinismo de la actual dirección socialista. Se lamenta Narbona de que Ciudadanos haya decidido no pactar con Pedro Sánchez tras las elecciones del 28-A y critica a Rivera que participe en un «cordón sanitario» al PSOE. La misiva no es más que un gesto oportunista del PSOE para socavar la imagen centrista que Rivera defiende -incluso con maniobras como las del fichaje de la expresidenta de las Cortes de Castilla y León, la popular Silvia Clemente, o de Joan Mesquida, procedente del PSOE- para captar votantes descontentos con la deriva del socialismo español. En vísperas del 28-A, esta guerra por el centro político revela el valor y el peso electoral de una moderación que, a toro pasado, y tras unos meses de inmersión radical, Sánchez pretende redescubrir. También Rivera se postula como dueño y señor de ese rentable espacio de encuentro.

La carta de Narbona no sólo es oportunista, también reveladora del páramo ético en el que se mueve Pedro Sánchez, capaz de reprochar a Rivera lo que su partido impuso con el Pacto del Tinell en 2003 y lo que él mismo ha puesto en práctica en su efímero mandato de ocho meses. Sánchez ha sido discípulo aventajado de Rodríguez Zapatero para recibir sin pestañear los votos de Bildu con tal de ser presidente de Gobierno. No sólo consintió los votos de unos partidos cuyas cúpulas están sentadas en el banquillo de los acusados por golpismo separatista, sino que convirtió a Quim Torra en destinatario de una diplomacia privilegiada del inquilino de La Moncloa, mientras el presidente de la Generalitat catalana y sus secuaces insultaban a la Justicia española, denigraban al Jefe del Estado y difamaban la democracia española en el extranjero.

Los socialistas saben que Podemos se hunde y que el voto del centro-derecha está dividido. Sánchez usa la piel de cordero para rebañar votos de un centro moderado al que ha despreciado desde que puso el pie en La Moncloa. El extremismo de Sánchez está en sus actos, en sus pactos y en su indulgencia con el separatismo catalán. No ha conseguido un mínimo consenso en temas en los que otros sí los consiguieron, sencillamente porque nunca ha querido pactar con Ciudadanos ni con el PP. Rivera va a ser objetivo prioritario de los ataques del Partido Socialista, también porque su partido carece por ahora de una estrategia estable en el discurso político; debilidad que pretende compensar con la llegada de Inés Arrimadas a la política nacional o con fichajes procedentes de las filas del PP o del propio PSOE, movimientos con los que Ciudadanos trata de subrayar su condición de partido de centro, en busca del voto moderado que huye del PSOE. Falta le va a hacer enderezar el rumbo a la mayor brevedad posible para dar la réplica a un PSOE dispuesto a arrasarlo.