LAS RECETAS DEL ENFERMO IMAGINARIO

Por Luis Ignacio Parada
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«¡CALLA, ignorante! ¿Quién eres tú para, criticar las prescripciones de la medicina?", decía Argan, el personaje central de ´El enfermo imaginario´, de Molière. Pero es que hay cosas que hacen hablar a las rocas. "Cosas tenedes, el Cid, que farán fablar las piedras", dice el abad nuevo de Cardeña en el romance XXIV del Cantar que narra las adversidades de Rodrigo Díaz de Vivar. (Por cierto que eso de "tenedes" es exactamente lo que dice el Romancero y no lo que frecuentemente le hacemos decir: "Cosas veredes"). Lo que hoy desata el habla es que, según datos del Ministerio de Sanidad, el gasto sanitario por habitante ascendió en 2003 a un total de 954,9 euros, de los que 209,13 se dedicaron a financiar medicamentos: se prescribieron 16,53 recetas por habitante y en diciembre el incremento fue de un 18 por ciento. En vista de ello, el Ministerio ha decidido abrir una investigación ante la anormal subida del gasto en el último mes del año.

A menos que la morbilidad de los españoles -número de personas que enferman en un tiempo determinado en relación con la población total- esté aumentando como consecuencia de desconocidas epidemias, guerras o catástrofes naturales esos datos dan pie para pensar que la picaresca del Siglo de Oro vuelve por sus fueros. Dicen que aquella picaresca era una reacción contra el idealismo. Algo de eso hay en el Lazarillo, el Buscón, Guzmán de Alfarache, Marcos de Obregón, el soldado Fandaro, la pícara Justina, Estebanillo González... y en el crecimiento del gasto farmacéutico. Esa falsa morbilidad se ha debido a que en la facturación de diciembre, a precios caros, se incluyen recetas de enero cuando los precios habían bajado. ¿Qué hacemos? ¿Enmudecer ante el idealismo del Estado de Bienestar? ¿Decir lo de las piedras del abad de Cárdena? ¿Criticar las prescripciones de la medicina ante las adversidades de tanto enfermo imaginario?