Rebelión en la granja

El delito empezó a cometerlo Bono cuando arrestó al general Mena por leer la Constitución

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En la granja solariega de Cataluña, donde se cumple la sátira orwelliana de que todo lo que camina sobre dos patas es enemigo y todo lo que camina sobre cuatro patas es amigo, dar un golpe de estado proclamando unilateralmente la independencia de una parte de España no se entiende como rebelión. Con la patraña de que sin sangre no hay delito se lo están pasando bomba. La rebelión de la palabra es una ineluctable cobardía porque ansía descuartizar la nación sin que podamos identificar al autor del crimen. Y el presidente del Gobierno les ha comprado el cuento para que las fieras del independentismo que le han encumbrado al poder de la selva no lo devoren. Ahora se hace

Alberto García ReyesAlberto García Reyes