Día de la raza

Lo hispano existe, y crece, hasta el punto de que un día no tan lejano uno de ellos será presidente de Estados Unidos

José María Carrascal
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Me lo contó Juan Linz, que enseñó sociología política en Columbia y Yale: había ido a Los Ángeles a dar una conferencia y se dio cuenta de que llevaba los zapatos sucios, por lo que se acercó a un limpiabotas chicano que se quedó asombrado de que aquel señor rubio, de piel tan blanca hablara tan bien español. Asombro que creció cuando Juan le dijo que era un español que había venido a dar una conferencia en aquella universidad, y no quiso cobrarle. Ante su insistencia, el limpia, con una amplia sonrisa cómplice, le explicó: «La raza». Algo que no hicieron ingleses, franceses o alemanes.

Aunque la raza hispana es de hecho una antirraza al fundir los indígenas americanos y los colonizadores españoles. Otro profesor de Yale, Manuel Durán, me contó la leyenda centroamericana de que Dios hizo una figura humana con masa que metió en el horno. La primera se chamuscó, eran los negros. Una segunda estuvo demasiado poco dentro, los blancos. Con la tercera acertó, saliendo un «moreno», los mestizos. Lo que indica, entre otras cosas, que incluso el mestizaje tiene también algo de racista.

Fue lo que hizo cambiar su nombre por «Día de la Hispanidad», aunque en Hispanoamérica sigue llamándosele de la Raza, que Rubén cantó como «ínclitas razas ubérrimas», siendo sin duda nuestra mayor aportación a la Historia de la humanidad, que camina hacia el mestizaje en la «aldea global», a caballo de Internet y las grandes migraciones. Un mestizaje del que debemos sentirnos orgullosos y es hora de reivindicar en ambas riberas del Atlántico por la primicia que significó y los beneficios que reportó y sigue reportando, muy superiores a los daños. Pues si durante siglos «hacer la América» fue el sueño de millones de españoles que no encontraban en casa la posibilidad de hacer fortuna, de un tiempo a esta parte son los hispanoamericanos quienes la buscan en España. No nos damos cuenta los españoles de la enorme suerte que tenemos con que sean gentes con nuestra lengua, religión, valores, las que llegan a encargarse de las labores que nosotros esquivamos, como cuidar a nuestros mayores, recoger nuestras basuras, militar en nuestro ejército y mejorar nuestra natalidad. Es verdad que traen también problemas, como las bandas juveniles, pero no pueden comprararse con los beneficios que aportan. Hay, pues, que celebrar el 12 de Octubre como una fiesta plurinacional, al estar España más unida que nunca a sus no ya hijas, sino hermanas, al otro lado del océano. Lo hispano existe, y crece, con sus defectos y virtudes, hasta el punto de que un día no tan lejano uno de ellos será presidente de Estados Unidos, contribuyendo al multirracismo de aquel país y planeta. ¿Lo habrá también en España? Seguro, a fin de cuentas, un ex primer ministro francés aspira a la alcaldía de una gran ciudad española. Es el primero, no el último. Y aquí me asalta la paradoja de que algunos de nosotros estén forcejeando por cómo desvertebrar España.

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