Rancio y oportunista

Actualizado:

EN plena crisis económica, hay sectores importantes de la izquierda española que son incapaces de superar un discurso anclado en tópicos fuera de lugar para una sociedad desarrollada. ABC informa hoy sobre un manifiesto surgido desde el sindicato Comisiones Obreras con la intención de buscar en los próximos días apoyos en el sedicente «progresismo» social y cultural que presta su firma para este tipo de operaciones. Como siempre, la culpa recae sobre el mercado y el supuesto egoísmo de los empresarios y las entidades financieras. Frente al mal absoluto, la única receta sigue siendo el gasto público, sin considerar la cuantía del déficit ni responder a la pregunta elemental sobre quién pagará tanto dispendio. El documento apoya sin disimulo la política económica del Gobierno y no parece que a sus redactores les importe el fracaso de las ocurrencias de Rodríguez Zapatero ante la evidencia de los cuatro millones largos de parados y la incapacidad para generar confianza en los sectores productivos.

Además de rancio, el manifiesto es oportunista y sospechosamente progubernamental cuando estamos en la recta final de la campaña para las elecciones europeas. Hay quien pretende movilizar como sea a un electorado reticente a escuchar -una vez más- los cantos de sirena de un presidente que ha perdido sintonía con los ciudadanos. El desencanto de los afines es tan evidente que todo vale con tal de captar algún voto a base de presentar a la derecha como responsable de la crisis. El propio manifiesto tiene como objetivo dar respuesta a la opinión expresada públicamente por un importante núcleo de economistas (entre ellos, por cierto, el ahora secretario de Estado de Economía) acerca de la necesidad de abordar ciertas reformas imprescindibles. La izquierda sigue empeñada en practicar la oposición retrospectiva, y la campaña para el 7-J demuestra la obsesión por echar la culpa a Bush y a Aznar, a los «neocon» y a los neoliberales. Por supuesto, no dice una palabra sobre los cinco años de gobierno socialista o sobre los datos comparativos entre la herencia recibida por Rodríguez Zapatero y la realidad actual de la economía española. La última parte consiste en atribuir al PP el objetivo de implantar el despido libre, utilizando como prueba algunas reflexiones ponderadas a cargo de círculos empresariales y de expertos independientes. Frente a ellos, el PSOE esgrime nuevas promesas sin contenido bajo el disfraz retórico de cambiar el modelo productivo. Lo malo es que tanta propaganda no sirve para nada a los que sufren cada día el drama del paro y a los que temen con fundamento perder su empleo en cualquier momento. A estas alturas, los tópicos añejos reflejan que la izquierda es incapaz de aprender de los errores, carece del más elemental sentido de la autocrítica y sólo sabe insistir en una peligrosa dinámica de división social e ideológica. Por lo demás, cabe pensar que los propios promotores del manifiesto tienen que ser conscientes de que una sociedad democrática madura no se deje influir por maniobras interesadas que exclusivamente demuestran el agotamiento de una ideología obsoleta. En plena crisis económica de dimensión universal, es lamentable que algunos pretendan distraer la atención mirando al pasado y ofreciendo medidas que han demostrado ya su ineficacia.