¿Quién manda?

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El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, intenta poner algún orden en todas esas «baronías» regionales —hasta ocho se cuentan en su Ejecutiva— que, cada vez con más frecuencia, ponen en entredicho el mensaje unitario del partido y en evidencia la capacidad de liderazgo del sustituto de Joaquín Almunia. El equipo que acompaña a Zapatero teme que el «poder periférico» no haya asumido que «el cambio en el partido es imparable». Los modos del secretario general se limitan por ahora al suave reproche y a la sugerencia, procedimientos por los que aún no ha conseguido absolutamente nada. O sí: que sigan surgiendo más y más discrepantes con ganas de hacerse famosos a costa de la coherencia del partido y del crédito de Zapatero.