¿Con quién está Pedro Sánchez?

No fue la encerrona grotesca y chillona del año pasado. Pero encerrona sí que hubo, silenciosa y taimada

José María Carrascal
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Reconozco que la pregunta es capciosa. Preguntar a un presidente si está con la ley o con quienes la violan es provocativo. Pero no tengo más remedio ante la actitud del Gobierno en el caso Llarena, demandado por Puigdemont y cuatro de sus exconsejeros ante la Justicia belga por «falta de parcialidad» en el proceso que les incoa por sedición. Algo que el CGPJ considera «una deformación flagrante y burda de la independencia de un magistrado español», por lo que pide al Gobierno que lo defienda con cuantos instrumentos tiene. ¿Qué ha hecho el Gobierno? Pasárselo a los Abogados del Estado para que lo estudien, lo que significa que no lo tiene claro, cuando Puigdemont recuerda al carterista que escapa gritando «¡Al ladrón, al ladrón!».

Aumentan las sospechas de lo ocurrido el «Día de las víctimas». Es verdad que no fue la encerrona grotesca y chillona del año pasado. Pero encerrona sí que hubo, silenciosa y taimada: la declaración inicial de Torra sobre «los presos que no debían serlo», la pancarta en la Plaza de Cataluña con «Felipe VI no es bienvenido en los países catalanes» (apropiándoselos), otra relacionando la venta de armas (españolas) a los crímenes yihadistas y, sobre todo, colando en la fila de autoridades a la esposa del encarcelado Forn, para presentársela al Rey. Esta venganza del chinito, que me perdonen los chinos, muestra la ruindad en que ha caído el secesionismo. Para acabar con «Vamos a atacar al Estado español», que Albiol le reprochó y Torra tuvo la cara de justificar con «Es el día de las víctimas». Confirmando que no es del presidente de todos los catalanes. Era de esperar, conociéndoles. Lo indignante es que la pancarta no se retirara hasta finalizado el acto, con la flor y nata del Gobierno presente.

¿A qué juega Sánchez? ¿A ser intermediario entre separatistas y el Estado? ¿A lavarse las manos en el pleito, en espera de que dirima su contienda, dejando sólo al Rey ante la pancarta y a Llarena ante sus acusadores-acusados, como pide Garzón? Que lo haga la extrema izquierda no extraña pues, tras haber perdido la esperanza de llegar al poder, al habérsele adelantado Sánchez, el único camino que le queda es explosionar el Estado, que es lo que buscan también los separatistas. Mucho cuidado con lo que ocurra en las próximas semanas, pues son dos fuerzas que se creen por encima del bien y del mal, fracasadas en su intento de alcanzar sus objetivos.

Saben, además, que con el PP en crisis, España de vacaciones, el Gobierno mirando a otro lado, esta es su oportunidad: jaque al Rey y los jueces maniatados. Por cierto, la única vocal del CGPJ que votó contra apoyar a Llarena fue propuesta por IU y se incorporará al Ministerio de Justicia. Demasiadas casualidades. Pero en política no hay casualidades. Hay países que se suicidan y países que se resisten a suicidarse. ¿A cuál pertenecemos?

José María CarrascalJosé María CarrascalArticulista de OpiniónJosé María Carrascal