«¿Quebec? No sé de qué me habla»

Histórica derrota del separatismo en Canadá

Álvaro Martínez
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Tras décadas dando la murga en Canadá, el movimiento independentista de Quebec cosechó ayer una derrota tan histórica como estrepitosa que, lejos de acercarle a la presunta arcadia de la secesión y demás quimeras mentirosas, le dio su peor resultado en todo el tiempo que lleva poniendo en pie su disparatada aventura separatista. La secuencia habla por sí sola: en 1980 el Partido Quebequés (PQ), que aboga por la ruptura territorial de Canadá, tenía un apoyo del 49,26 por ciento; en 1998, del 42,87; en 2007, del 28,32; en 2014, del 25… hasta el birrioso 17 por ciento en el que se detuvo ayer. El PQ se ha quedado sin grupo parlamentario y su líder, Jean-Francois Lisée, y varios exministros no han conseguido ni escaño. Ya es la cuarta fuerza.

Al menos hasta ayer, Quebec era quien marcaba la senda a los secesionistas de la banda del lazo de aquí, que si bien se deshacían en elogios hacia el intento de ruptura llevado a cabo por esos «valientes y ejemplares quebequeses» ocultaban el desastre económico y social que los intentos rupturistas provocaron en esa provincia.

Dos referendos perdidos y décadas de gobierno regional del PQ no lograron la independencia pero sí un manto enorme de frustración y una fuga masiva de empresas de Montreal a Toronto, importantísima pero menor que la que sufre Cataluña desde el 1-O, que ya son más de 4.000 las firmas que se han marchado y que, si ocurre como en el precedente quebequés, jamás volverán. Los principales bancos de Quebec se largaron de allí. Sigue fuera, por ejemplo, el Royal Bank of Canada, primera entidad financiera del país, e incluso el Banco de Montreal, el más antiguo, tiene su sede en Toronto desde 1977. Lo ha notado, por tanto, el PIB de la provincia, que en todo este tiempo ha caído más de tres puntos en el total nacional. No fue esta la única gran migración ante el asfixiante y tóxico empuje de los separatistas. Cerca de medio millón de quebequeses angloparlantes se marcharon por la imposición del francés, sobre todos en la franja de entre los 20 y los 29 años, los jóvenes por tanto.

Fiasco en Escocia, fiasco en Quebec... El modelo vuelve a pinchar. Pero ya verán cómo la banda del lazo, a la que no hay quien le estropee un entierro, ningunea el trastazo de quienes fueron su modelo y brújula. «¿Quebec, dice usted? No sé de qué me habla, amigo. Me voy para el CDR porque España nos roba y todo eso...».

Álvaro MartínezÁlvaro MartínezRedactor jefeÁlvaro Martínez