Pujol, sin Foro

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Hasta hace unas horas, el «Foro de las Culturas» que se pretende organizar en Barcelona dentro de tres años presentaba un diagnóstico de imprevisión, indefinición y cierta megalomanía. Ahora hay que añadir la descoordinación, pues no de otro modo se puede entender que el alcalde Joan Clos no avisara a Pujol, uno de los principales cómplices del empeño, de la decisión de colocar provisionalmente al concejal de Cultura, Ferrán Mascarell, al frente de la organización. Para el líder nacionalista catalán, el Foro significa una gran oportunidad para la proyección exterior de Cataluña y la plataforma ideal para realizar un balance positivo de su gestión. Es también el ámbito ideal para erigirse en una figura central en los grandes debates del siglo: la inmigración, el ocaso de las ideologías clásicas, la globalización, la identidad... En su cabeza está claro que el Foro, que carece de programa, debe ser una mezcla de Davos, Génova y Kyoto con todas sus ventajas y ninguno de los inconvenientes. El riesgo, cada vez más acusado, es que todo acabe en una gran verbena de conceptos vacíos y decibelios antisistema, causa primera de la renuncia de Josep Caminal, un hombre de Pujol. Clos ha interpretado el hecho de que Caminal haya decidido abandonar como un torpedo en la línea de flotación de su titubeante Titanic. El compromiso cancelado ha relegado a Pujol al papel de pagano, algo que ni él ni el Gobierno están dispuestos a asumir.