PSOE, más disciplina que confianza

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EL PSOE reunió ayer a su Comité Federal para intentar un terapia de grupo que le permita responder a una situación de crisis económica y laboral que ha arruinado la imagen del Gobierno socialista y ha desarmado el discurso «social» de Rodríguez Zapatero. El último Comité Federal socialista se reunió en septiembre pasado para preparar el curso político. En enero, el PSOE ya tiene el suspenso y empieza a sentir el apremio de una temporada electoral que comenzará en otoño con las elecciones catalanas y seguirá en mayo de 2011 con las autonómicas y locales. Todas las previsiones estratégicas de los socialistas han fallado: el cambio de gobierno del verano pasado, la frustrada recuperación en 2010, el efecto publicitario de la presidencia europea y el enésimo intento de hacer del PP el chivo expiatorio. Con las propuestas del Consejo de Ministros sobre pensiones y recortes del gasto público, Zapatero ha reconocido que su política económica seguida hasta ahora ha fracasado y que la salida de la crisis va a ser menos «social» de lo que prometía. Recortando derechos a jubilados, viudas y huérfanos, la izquierda española no sólo tiene un problema de identidad y coherencia; es que se queda sin discurso frente a la opinión pública. Por vez primera, los sindicatos han dado señales y el efecto político puede ser muy perjudicial para los socialistas. Y en junio sube el IVA a todos los españoles, con muchas dudas de que sirva para enjugar el déficit y más temores de que retraerá el consumo, aumentará el paro y propiciará la economía sumergida.

Por eso, el Comité Federal celebrado ayer fue una llamada a la disciplina más que a la confianza, que empieza a reducirse en las filas socialistas. No le bastará a Zapatero con revestirse de sentido de la responsabilidad para sosegar los nervios que ya afloran en el socialismo por las dudas sobre la idoneidad del presidente del Gobierno para ganar en 2012. Ahora sí, el debate sobre su sucesión puede volverse contra el PSOE, después de haberlo promovido con el interés de neutralizarlo a tiempo. Si las autonómicas de 2011 se saldan con un derrota grave del PSOE, la caída puede ser imparable en 2012. El problema del Gobierno no será que le reprochen entrar en los asuntos graves del país -pensiones ahora, pero mañana tendrán que ser impuestos, mercado laboral, inmigración-, sino que le acusen, otra vez, de haber engañado a los ciudadanos con una crisis que lo está devorando.