Ignacio Ruiz Quintano

La psicoanalista

El cunnilingus responde a la pregunta del ministro Pepe Solís (hoy, Méndez de Vigo) de para qué sirve el latín

Ignacio Ruiz Quintano
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Ya lo dijo Júnior (el tío de Toni Soprano, no el cantante filipino):

–La jodimos con el cunnilingus y el psicoanálisis.

El cunnilingus responde a la pregunta del ministro Pepe Solís (hoy, Méndez de Vigo) de para qué sirve el latín, pero el psicoanálisis («esta ciencia cristiana de los judíos», como dice el ratonil Steiner) no es ya sino postureo de columnista que, por parecer ilustrado, escribe el nombre de «dios» con minúscula en todas sus notas al modo como Berlanga decía «imperio austrohúngaro» en todas sus películas. Y no estaríamos hablando ahora de psicoanálisis si no fuera porque Bergoglio, el jesuita argentino que fue Papa por la gracia del mismo Espíritu Santo que en una sobremesa con el Nuncio llevó a Foxá a hacerse del tiro de pichón, iba al psicoanalista, que era señora, como la doctora Melfi (Lorraine Bracco) que turbaba a Toni Soprano.

¿Qué aporta a un «Papa Negro» la ideología de las batas blancas?

–Me ayudó mucho en un momento de mi vida en el que necesitaba aclarar las cosas –contesta Bergoglio, socialdemócrata «avant la lettre», pues en un momento cambia el alma por la psique.

Por las mismas fechas, un 25 de diciembre, Octavio Paz discutía en una cena doméstica en Massachussetts con el disidente ruso Joseph Brodsky, que, en un lenguaje encendido y religioso, afeaba a la sociedad norteamericana (eran los días del Watergate) su hedonismo y su vacío interior. «¿Quién cree hoy en el alma?», preguntó Paz. «Los críticos literarios… –saltó Brodsky– cuando hablamos del ‘‘alma rusa’’: un concepto vacuo pero mágico, rico en asociaciones verbales…»

–El mal empezó con Descartes, que dividió al hombre en dos y que substituyó al «alma» por el «yo».

Menudo tema para los novelistas de supermercado: la desconstrucción del ego de Bergoglio y la transformación del Vaticano en el escenario freudiano tripartito de la psique, esa casa burguesa con su sótano, las habitaciones para vivienda y el desván atestado de recuerdos.

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