Progresar adecuadamente: callar

POR: OBDULIO JOVANI
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YA se sabe que Gabilondo -antes fraile que ministro- no es partidario de premiar la memoria, «para no colocar a los estudiantes en la tesitura de copiar o no copiar». Sigue la LOGSE: «A partir de la aplicación de la ley, el error no será considerado ya como un defecto sino como la expresión auténtica del dinamismo subyacente del alumno». Eso de copiar o no copiar -progresista duda hamletiana en la Universidad de Sevilla- ya fue superado en tiempos de Otero Novas, ministro de Educación -en mis tiempos de Educación Nacional- que visitó un instituto en Fuencarral para comprobar que allí se aplicaba un nuevo método educativo, acordado a puño alzado en asamblea rebañega: que no hubiera clases regladas a los modos caducos de siempre. ¡Clases! El instituto se abría para alumnos y profesores, que acudían, no todos no siempre, para asistir a talleres sobre proletariado, esclavitud fascista, sexualidad y homosexualidad... con ejemplos prácticos. Eran lectores del «Manifiesto Comunista» y no de «El Estado omnipotente», del economista vienés Ludwig von Mises, que comparó la medidas económicas de Marx con el programa de Hitler: «Ocho de sus diez puntos han sido llevados a cabo por los nazis, en un radicalismo que hubiese estremecido a Marx».

Claro que ahora el esfuerzo cansa, la excelencia es facha, el saber ocupa lugar, espacio que se necesita para pensar cómo se recalifican terrenos. Aunque la cosa viene de atrás,; en una Tercera de ABC decía Jiménez Lozano que «la educación universal pública ha expuesto a millones de personas a la influencia facilísima de la mentira organizada y a la seducción de distracciones imbéciles y degradantes».

¡Qué diria de la Universidad que sustituyó aquí la imagen de la Sapiencia por un monigote androide de Mariscal! Un rector de la Complutense escribió de «las burocráticas construcciones suministradoras del conocimiento y su séquito de estructuras inquisitoriales». En nuestras Universidades, con el hecho diferencial como portador de valores eternos, enseñando la Historia como la enseñan, las barricadas y los movimientos de liberación nacional se seguirán llenando de reclutas con título. Un poco de esa Historia es mucha, por exenta, huraña y solipsista. Le pregunté a un universitario valenciano si conocía las palabras «canonge, argent, tastar, malaltia, guarir, farina, encara, vegada, plorar, durant, festa... » Sí, son catalanas, me respondió. Cuando le dije que las podía leer en Gonzalo de Berceo se sorprendió:¿Gonzaloqué?

Les han enseñado una Historia para alancear y matar a estoque el toro de Osborne; y una literatura preceptiva, artificiosa, tramposa, capada y edulcorada como escribió Joan Dolç. Como la de Enric Valor, de lectores forzados, a quien la Academia Valenciana de la Lengua le rendirá homenaje por los diez años de su muerte. ¡Ay, ya no les quedan mentores para «fer país»! Dijo Valor cuando le nombraron «honoris causa»: «No podemos consentir la implantación totalitaria de otro idioma»; el castellano, claro. Pierdan toda esperanza los caciques académicos. El futuro está en el lenguaje SMS.