Productos energéticos: un bien escaso

Por Santiago Grisolía, Profesor de Bioquímica
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EN 1978 se inició la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados (F.V.E.A) que realizó en 1979 una primera reunión sobre «Posibilidades de Aprovechamiento de Nuevas Fuentes de Energía» en la Universidad Politécnica de Valencia, presidido por Fernando Abril Martorell entonces Vicepresidente del Gobierno para Asuntos Económicos. Sorprendentemente muchas de las contribuciones podrían ser actuales. Pero desgraciadamente, las conclusiones a que se llegaron son cada vez más acuciantes.

Como bioquímico, me interesa el consumo de energía. Se necesita unas 2.000 kcal. por día para alimentación, lo que equivale a unos 100 watios que es lo que consume una bombilla grande, lo que parece relativamente moderado, pero multiplicado por los 6 mil millones de habitantes, y somos más ya, es un consumo bastante grande. Ahora bien, para una vida confortable consumimos mundialmente aproximadamente 20 veces más energía que la que se necesita para comer. ¿De donde obtenemos esa energía?. Estamos viviendo de lo ahorrado casi desde la creación de la tierra pero nos estamos gastando el capital. De acuerdo con lo que se utiliza hoy en día, las reservas incluyendo el carbón sería suficiente para casi mil años. Así se podría pensar que no es un problema urgente, pero en el 75, el Profesor Slater calculó que las reservas de petróleo y de gas natural utilizada al nivel de entonces, nos durarían casi 70 años, es decir, ahora serían 45. En fin, teniendo en cuenta el aumento de uso y el incremento en la población, en unos 30 ó 40 años, digamos para el año 2030 ó 2040, se nos va a acabar el petróleo. Esto nos indica que es necesario intentar encontrar otras posibilidades energéticas. Claro está que otros más optimistas piensan que hay «crudo» a descubrir, para quizás 100 años.

Posiblemente podríamos obtener energía geotérmica, lo que nos duraría aproximadamente otros 50 años más, pero la tecnología para obtenerla no existe y es muy difícil realísticamente que se pueda desarrollar pronto. Ciertamente se están tomando medidas a corto plazo, importantes, tales como la energía eólica pero ello representa una pequeña parte de lo necesario. Podemos pensar en la fisión nuclear pero aparte del rechazo social, con la cantidad de uranio, etc., que podemos obtener con la tecnología actual, no será suficiente. El carbón que nos podría servir para mucho más, lo utilicemos como tal, o lo convirtamos en gasolina, etc., tampoco nos puede durar indefinidamente. Si los físicos son capaces de llegar a la fusión nuclear entonces tendríamos energía prácticamente para siempre, pero si esto llega a ser posible, lo será, siendo optimistas, a muy largo plazo. Por ello tenemos que ser prácticos y deberíamos tener ya una especie de seguro. Para ello deberíamos pensar en la biología y utilizar mejor la energía solar.

Así pues es enormemente importante el alentar de la necesidad y urgencia de mejorar todos los recursos energéticos pero especialmente desarrollar alguno que pueda masivamente, enfrentarse al problema cada vez más cercano de la disminución de gas natural y de petróleo. Todos los años hay un Congreso Internacional sobre Energía, y en septiembre del año 1992 se realizó en Madrid. Participé como invitado. En la primera reunión hablé con entusiasmo sobre fotosíntesis pensando en la reunión del 79 a la que me he referido. Recuerdo la mirada de incredulidad de los participantes excepto de dos invitados que no estaban relacionados con la energía, un físico y un sociólogo, porque de lo que se trataba fundamentalmente era hacer socialmente más atractivo el consumo energético y el hacerlo más rentable.

En la primera reunión de la F.V.E.A. a la que me he referido antes, Abril Martorell decía entre otras cosas: «Creo que la sociedad española en su conjunto tiene hoy que dar las gracias a la F.V.E.A. Como Vds. saben, la crisis que se ha producido hace cinco años, como recordaba el Profesor Grisolía, y que de alguna manera se ha recrudecido como consecuencia de los acontecimientos del Irán, que no han hecho más, que digamos, adelantar un escenario que de alguna manera estaba en el horizonte, pero que ha hecho tomar conciencia de él y de alguna manera puede recordar y ser útil el cuento de “que viene el lobo, que viene el lobo”, y alguna vez va a venir. El aviso del verano de 1979 ha sido muy importante, ha recordado algo que todos sabíamos, pero que preferíamos no recordar, porque ha habido una tregua en el 77 y 78, y el aviso que vamos a experimentar, el lunes que viene, el día 17, como consecuencia de la reunión de Caracas no debería caer en saco roto».

La necesidad de relentizar el consumo de la energía fósil es no solo por ahorro sino para evitar los problemas de contaminación y calentamiento del planeta. Esto es bien conocido pero queremos olvidarnos de la realidad, como acaba de suceder en la Reunión Internacional en La Haya sobre el control del cambio climático, al igual que sabemos que la vida es limitada y nos olvidamos y el inconsciente nos engaña como con la muerte, que solo le ocurre a los demás. Desgraciadamente, milagros no ocurren y la cacareada Fusión Nuclear, está todavía como hemos dicho, si es que se logra, muy lejana.

En la reunión del 79, se habló de dos principales alternativas: bien productos basados en la biomasa, especialmente en la producción de alcoholes tal y como se hace en Brasil, o la producción de hidrógeno que es potencialmente, de acuerdo con expertos, el recurso energético más atrayente ya que su uso no contamina y su producción a partir del agua es prácticamente ilimitada. Solo el 1% de la energía solar que llega a la tierra se conserva ahora a través de fijación en el reino vegetal. Sería posible quizás con nuevas tecnologías biológicas obtener una mayor fijación por ejemplo, a través de chlorela, de levaduras o de algas que con la ayuda de ciertos colorantes serviría para producir hidrógeno como sugirió Slater. Hace poco he participado en el 16º Congreso Planetario de la Asociación de Exploradores del Espacio, donde se ha propuesto el llegar a Marte utilizando propulsión basada principalmente en hidrógeno líquido; más recientemente he leído la recomendación del Premio Nobel Rubbia sobre el uso de hidrógeno.

Por ello propuse hace unas semanas a la Comisión de Ciencias del Consell Valencià de Cultura el considerar este problema. La idea no es hacer otra reunión y que quede solo en un libro, sino conseguir que líderes en el área de la energía se reúnan con los miembros del Consell y otras entidades interesadas para a) conocer la realidad, b) estimular los avances que sin duda existen tanto en España como en otros países para abordar el problema y c) estimular la concienciación social.

En definitiva, la comunidad internacional se asustó en el 91 con la Guerra del Golfo pero pronto se olvidó. Más recientemente se intenta producir más petróleo, abaratarlo y reducir la contaminación, la verdad es que quedan 20, quizás 40 años, pero el petróleo se acabará y el precio seguirá subiendo y seguiremos contaminando.

Los italianos para ocasiones en las cuales debía haberse tomado una determinación rápida en vez de argumentar, dicen «seguimos discutiendo y mientras tanto Sagunto cae». Por nuestros hijos y nietos que no sea.