Mis primeras letras

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Ante la insistencia de mi hija, 5 años, la acompaño con cierta emoción a una librería a comprar un libro para que aprenda sus primeras letras. Por el camino me iba acordando de lo que un día me dijo mi abuelo: «Nunca olvides a la persona que te ha enseñado a leer». Nos atendió una chica a la que le pedimos un libro para aprender a leer que fuera agradable y ameno. Nos aconsejó uno que, nos dijo, es de los más utilizados en los colegios. Este libro cuenta las aventuras de una familia de gatos. Escribo textualmente cómo comienza el libro: «Érase una vez un país precioso con cielo azul, verdes praderas y bonitas casas. En una de ellas vivía una familia de gatos. El papá se llamaba Micho. Tenía una moto para ir al trabajo unas veces, y otras, para divertirse. La mamá, que se llamaba Gata, era una excelente ama de casa. Limpiaba, hacía la comida y por la noche contaba cuentos a sus hijitos antes de irse a la cama. También sabía cuidarles cuando estaban enfermos...». Aparecen por doquier frases como: La mamá barre. Mi papá me lleva de paseo. Mamá gata guisa. Papa dijo: ¿Quién quiere venir conmigo a pescar? Mamá hace asado. Con desazón compruebo que el libro está editado en 1999. Las autoras son tres mujeres, la coordinadora y una ilustradora son mujeres. En un sitio muy visible indica que está aprobado por el Ministerio de Educación y Ciencia. Con libros como éste comienzan su aventura de aprender nuestros hijos. Ojalá aprendan mucho porque, sobre todo a ellas, falta les va a hacer.

Emilio Redondo Campos.

Madrid.

¿Esto es justicia?

He leído totalmente asombrada la reducción de pena a un violador porque la menor tenía experiencia sexual. Increíble que un juez pueda dictaminar algo así. Soy mayor de edad y tengo experiencia sexual, por lo que, según este «juez», cualquiera puede violarme, ya que su pena será reducida. Pero eso no es todo. Si te intimida con un arma de fuego, este inteligente señor dice en la sentencia que «la mera presencia del instrumento no integraría al subtipo agravado si no se hace uso de aquel que pueda poner en riesgo la integridad física del sujeto». Como la niña tenía experiencia sexual y ese «animal» no hizo uso de la pistola para herirla, se le condena a la pena mínima. Me quedo sin palabras. El violador estará sólo seis años en la cárcel, sin contar la reducción por buena conducta, etcétera, e inhabilitado de su cargo, otros tantos, pero dentro de seis años estará protegiendo a los ciudadanos, a nuestros hijos. Piense, señor juez: mañana puede ser su hija, nieta, sobrina...

María Belén Sánchez García.

Madrid.