Los Presupuestos por el tejado

Las casas altas con cimientos poco sólidos, las primeras en derrumbarse

María Jesús Pérez
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En dirección contraria. Y a toda pastilla. Cual kamikaze en plena autopista. Así se mueve este Gobierno socialista que nos ha tocado en suerte que, desde que asaltara el poder el pasado mes de junio, le ha dado por ir a contracorriente e incumplir todas las normas de circulación de las vías democráticas. Lo último, y que parece haber pasado desapercibido, es saltarse a la torera la obligación por ley de las fases de creación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE): su preparación, su discusión y aprobación, y su ejecución. Pero se ha pasado de largo. Desde el kilómetro cero. Desde el momento en el que ha decidido no presentar el pasado 1 de octubre, en sede parlamentaria, un proyecto de presupuestos para 2019 para que sean debatidos, se puedan presentar enmiendas para su modificación -después de que el resto de formaciones los sometan a un examen detallado-, y finalmente, sean aprobados. Pedro Sánchez peca de una falta de lealtad democrática absoluta.

La Constitución es clara cuando afirma que «el Gobierno deberá presentar los PGE ante el Congreso al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior». Algo que ya ocurrió precisamente el año pasado cuando el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, prefirió no someterse a ese debate y prorrogar los presupuestos de 2017 evitándose una derrota parlamentaria. Una vez más Sánchez decide copiar aquello que se hizo mal en el pasado más reciente y que, precisamente, él mismo criticó desde la oposición. Madurez política en estado puro.

Con su plan, La Moncloa no solo ha decidido saltarse el mandato constitucional con la excusa de no contar con los apoyos suficientes para sacar las cuentas adelante (inciso: el artículo 134.3 de la Carta Magna mandata al Gobierno a presentar un plan económico cada año, al margen de las posibilidades de éxito parlamentario), es que ha decidido por su cuenta y riesgo, con la espada de Damocles podemita que pende sobre su cabeza, elaborar unas cuentas sobre los cimientos del gasto público para después, sobre ellos, construir los impuestos. Osea que primero pacta con sus socios de Gobierno el volumen de gasto y, después, piensa en la cantidad de tributos que va a necesitar para cubirlo, eso sí, sangrando al contribuyente, como es costumbre en épocas social-demócratas (¿demócratas?). Lo contrario de lo que hay que hacer, Doctor Sánchez, de manual de primero de Economía.

Los PGE gestionan la economía, no el gasto. Un gasto, para más inri, para mantener una coalición parlamentaria que de otra manera no podría ni existir. Algo que no justifica de ninguna de las maneras la batería de aumento de impuestos que se nos avecina, que acabará ralentizando el crecimiento económico, la creación de empleo, y el consumo. De cajón. Se avecina lo peor. Cuando las casas muy elevadas no cuentan con cimientos sólidos terminan por derrumbarse a poco que las inclemencias del tiempo se endurezcan y, señores, vienen curvas.

María Jesús PérezMaría Jesús PérezRedactora jefeMaría Jesús Pérez