Presagios y cantes

«Quien cometa la osadía de insinuar alguna paridad entre lo que acontecía en la España de hace ochenta y tantos años y lo que acontece en la España de hoy incurrirá en flagrante delito de alarmismo y se le etiquetará de catastrofista. Por lo visto, para los adeptos a la evasión como norma, lo que el país necesita es menos advertencias pesimistas y más granjas de avestruces»

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En determinadas circunstancias, cuando el clima social se muestra tormentoso, es difícil resistirse a la tentación de echar mano de Klausewitz, casi siempre citado con cierta ligereza textual, desconsideración de la que suelen ser víctimas los autores más invocados que leídos. Traigamos pues a la integridad literal la descarnada convicción que el nada complaciente militar e historiador prusiano dejó sentada en su Tratado de la guerra: «La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas por otros medios». Demos por válido el epítome: la guerra es la política por otros medios. Y permítasenos parafrasearlo con matiz pesimista: la erradicación de la tolerancia es la guerra