Ana I. Sánchez

Un PP sin juego sucio

Los compromisarios prometen su voto a todos los candidatos para asegurarse un puesto

Ana I. Sánchez
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Miércoles, 17 de julio. Calle Génova, 13. Reunión del Comité Organizador del XIX Congreso Extraordinario del PP. El representante legal de Pablo Casado se queja de injerencias del coordinador general del partido, Fernando Martínez-Maíllo, en el proceso de primarias. En lenguaje político, y hablando en plata, la denuncia viene a decir que el político zamorano está utilizando su cargo para inclinar la balanza a favor de Soraya Sáenz de Santamaría.

El presidente del Comité Organizador, Luis de Grandes, no parece extrañado por la queja del equipo de Casado. Es más, explica que en alguna ocasión ha tenido que pedir a Maíllo que limite su intervención en el proceso. Al coordinador no le corresponde participar en asuntos del Congreso porque no forma parte del Comité Organizador. Aun así, el día antes de la votación para la primera vuelta, pidió a los presidentes provinciales del PP que se le informara de cualquier incidencia destacable que tuviera lugar al día siguiente. El mismo día de la votación ofreció datos a los periodistas sobre la marcha del proceso.

Peccata minuta comparado con las denuncias que se oyen dentro del PP. El equipo de la ex vicepresidenta narra con total normalidad llamadas a los cargos territoriales. A veces incluso de la propia Santamaría. «A la gente le gusta que le llamen y es lo que estamos haciendo», relatan. «Pero solo les contamos nuestro proyecto», limitan. No es lo que llega al equipo de Casado. «Votaremos a Pablo, aunque no iremos al acto. Pero no digáis que os apoyamos porque nos llaman y nos vuelven a presionar», dicen algunos líderes territoriales al círculo del candidato. Si este relato es verídico, aún sería de celebrar la mísera concepción de la democracia de Charles Bukowski. Este autor renano, icono del realismo sucio, sostiene que la diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la primera se puede votar antes de obedecer las órdenes. En el proceso de primarias del PP no se estaría llegando ni a eso. Muy mal precedente.

No obstante, es incontestable que en este tipo de elecciones internas, una parte de los militantes o compromisarios prometen su voto a todos los candidatos para asegurarse un puesto en la futura estructura, gane quien gane. A dos días de la elección del nuevo presidente del PP, el Comité Organizador no tiene capacidad para determinar si efectivamente hay presiones despreciables. Pero el sábado, el resultado de la votación secreta arrojará, probablemente, la respuesta.

Lo que parece cada día más improbable es que las argucias que está pariendo el proceso de primarias pueda ser compatible, después, con una integración sincera y real de todo el PP. Buscando solo rendición y sumisión, será muy complicado construir un partido unido donde todos remen en la misma dirección y al mismo tiempo. Un apenas conocido Adolfo Suárez siendo gobernador civil de Segovia dijo hace casi cincuenta años: «Busquen siempre las cosas que les unen, y dialoguen con serenidad y espíritu de justicia sobre aquellas que les separan». Pues bien, para conseguirlo lo primero es descartar el juego sucio.

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