El PP, en la farmacia

IGNACIO CAMACHO
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ATIENDE la llamada desde una farmacia. «No, no he venido a por ansiolíticos, aunque quizá el partido debería repartirlos, sobre todo a algunos que no se saben estar tranquilos». Seguimos bromeando; le pregunto si va a comprar antidepresivos para Rajoy y responde que a su líder le vendría mejor un anticoagulante de sangre. «En serio, sólo vengo por un anticatarral para los niños, pero no sé si llevarme también vendas y tiritas para la herida sangrante que tenemos abierta...»

«Lo de mi partido es de traca. No salimos de la polémica artificial de Soraya y nos metemos en el lío de los anacletos de Madrid. Resulta que este fin de semana teníamos una convención con gente de las redes de internet, que es un asunto fundamental para modernizar nuestra base social, y que sale la EPA con unos datos de desempleo demoledores, un catástrofe para el Gobierno, y todos los medios de este país, las tertulias, los creadores de opinión, sólo hablan de que si nos espiamos unos a otros. El lunes irá Zapatero a pasearse en su tele, y dirá con suficiencia que antes de criticarlo arreglemos nuestros propios problemas. ¿Así cómo vamos a hacer oposición?».

«Imagínate que se publicase que Rubalcaba ha mandado espiar a De la Vega, Sebastián y Bono, por ejemplo. ¿Qué haría el PSOE? Salir en tromba, apretar filas, blindar a Zapatero, lanzar cortinas de humo y, desde luego, disparar hacia fuera, atacarnos a nosotros por tierra, mar y aire. ¿Qué hemos hecho nosotros? Lo primero, darlo todo por bueno, sin saber bien lo que ha pasado, y después liarnos a puñaladas internas. A veces tengo la impresión de que Esperanza y Alberto están dispuestos a hundirse con tal de que el otro se hunda también».

«¿Qué cómo está Rajoy? Pues me dicen que indignado, echando humo por las orejas, pero ya sabes cómo es. Puede que acabe tomando medidas, fulminando a alguien, porque esto es todo bastante sucio y hay gente que por acción u omisión no se debería ir de rositas; pero la diferencia es que él es el líder del partido, no de una facción, y le preocupa el daño que toda esta guerra sucia puede hacer en general y en Madrid, que es el principal bastión del PP, aunque alguno o alguna cree que sólo es suyo porque se le ha subido el poder a la cabeza. A muchos nos gustaría que de aquí saliese una decisión ejemplar, un puñetazo en la mesa que a la larga nos beneficiaría, y que caiga quien tenga que caer, pero francamente dudo que eso ocurra, al menos a corto plazo. Quizá Mariano piense que este escándalo le blinda ante las maniobras de desestabilización que le están preparando a cara cada vez más descubierta».

«Pero, mira, ¿tú sabes quién ha sido el que más ha mediado, por ejemplo, en el conflicto de Cajamadrid? Pues Aznar, que fue el que puso a Blesa. Habló con Aguirre y Gallardón varias veces; otra cosa es que éstos ya no hacen caso a nadie. En cambio la dirección del partido ha dejado pudrir el asunto y ya ves cómo ha derivado. Y quién más, quien menos está inquieto por que le hayan vigilado, por eso casi nadie habla. Yo te he cogido el teléfono porque eras tú, pero no hago declaraciones. A estas alturas todavía estoy esperando alguna instrucción clara sobre qué contestar cuando nos pregunten por este descalzaperros; lo único que tengo claro es que no puedo decir lo que de verdad pienso...»