A Porto Alegre no irán todos

Por César ALONSO DE LOS RÍOS
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RÍO Grande do Sul es el único Estado brasileño en que no triunfó el golpe militar de 1964, y Porto Alegre es un bastión del partido de los Trabajadores. El espíritu de democracia directa que reina en la ciudad es sin duda propicio para este gran show que son las cumbres de la antiglobalización. Aquí se reunieron hace un año quince mil «militantes» del movimiento y mañana, 31 de enero, se concentrarán cuatro veces más, procedentes de más de cien países. Es un salto que expresa bien el éxito de esta nueva internacional inorgánica, no jerarquizada, horizontal, sin estatutos y programas, compuesta por miles de pequeñas organizaciones, que tiene en Internet su sede inmaterial y, no obstante, eficacísima.

Conscientes de que uno de los grandes recursos de la globalización es la instantaneidad, la eliminación del tiempo (no hay forma de reaccionar políticamente frente a las jugadas financieras y económicas), los movimientos antiglobalización tienen a gala actuar con mucha más diligencia que los partidos tradicionales. La verdad es que si uno hace un repaso de los jalones de la nueva internacional se encuentra con la actuación masiva en una docena de grandes eventos en todo el mundo: en 1999 en Colonia (Alemania), donde se celebró la primera manifestación contra el G7; en Seattle (EE.UU.), contra la cumbre de la Organización Mundial del Comercio; en Davos (Suiza) contra el Fórum económico; en Praga (República Checa); en Davos de nuevo; en Quebec; en Göteborg (Suecia); en Porto Alegre, donde se inauguró el fórum del movimiento; en Génova (Italia), donde corrió la sangre... Los primeros mártires.

Una de las características de foros como este de Porto Alegre es la cualificación de los participantes. No son manifestantes al uso sino que son delegados de las organizaciones que forman esta fuerza transfronteriza y que unas veces responden a objetivos generalistas (por ejemplo la española Resistencia Global vinculada al zapatismo) y otras a fines específicos (contra la especulación financiera y los paraísos fiscales como «Attac»; contra la deuda de los países del Tercer Mundo; ecologistas como «Amigos de la Tierra» o «Greenpeace», de reivindicación campesina, como los «sin tierra»...).

A diferencia de las organizaciones tradicionales, aquí no hay líderes. Al menos de momento, aunque ya se puede hablar de algunas «autoridades», como es el caso del francés José Bové y Toni Negri, profesor de Teoría del Estado, antiguo líder de las Brigadas Rojas, condenado a trece años de cárcel... Los dos son autores de libros de cabecera para esta nueva muchachada internacional. Sin duda se venderán en montoncillos, esta semana que viene, en Porto Alegre: «El mundo no es una mercancía» y «Empire».

Las propuestas de Porto Alegre no van a ser precisamente revolucionarias. Se concentrarán en la desaparición de los paraísos fiscales (¿quién que «sea» puede estar a favor de ellos?) y en la eliminación de la deuda externa de países tercermundistas. Con ser significativa esta moderación en las reivindicaciones, no es lo más importante de Porto Alegre. Lo más importante de Porto Alegre es el amigo ausente, los que no estarán físicamente allí, los que dicen estar a favor del movimiento pero a los que jamás se les verá mezclados con la masa mestiza y global de estos saltamontes de los cinco continentes... Me refiero a los teóricos y políticos de la socialdemocracia europea, los militantes de Jospin y de Schröder (¿también de Blair?) los enemigos del capitalismo globalizador. Carentes de contenidos se han «apuntado» retóricamente a la antimundialización. De momento la Internacional Socialista no envía delegados a Porto Alegre y González se queda en México con su amigo, el globalizador Slim. Contradicciones de la vida...