Portero de día

Por BLANCA TORQUEMADA
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Alguien (y no sólo el cansancio que genera en la opinión pública un proceso tan prolijo y dilatado) ha puesto sordina al macrojuicio contra el entramado civil de ETA, y cuando el silencio de algunos «corderos» se rompa será para recordar que ayer Daniel Portero «perdió los papeles». La culpa la tuvo una botella de sidra que el hijo del fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía asesinado por la banda se llevó a la Audiencia Nacional, para, según interpretó la nutrida representación en la sala del «movimiento vasco de liberación nacional», brindar por el suicidio entre rejas de un terrorista. El descorche provocó un altercado con el abogado Matanzas y halló pronta respuesta de los encausados, que desplegaron el «kit» de homenaje a asesinos: una ikurriña con crespón negro que no estaba allí por casualidad.

Portero, tras la tensión del momento vivido, aseguró que sólo quería celebrar el éxito de la manifestación de víctimas. A Daniel le hemos visto a pie de tribunal desde la jornada de apertura de la causa, hace más de tres meses, enfundado en su sudadera con el lema «Dignidad y Justicia», a veces extenuado anímicamente. Día tras día, escudriña el desarrollo de los interrogatorios y sostiene las miradas de los que ponen la cobertura ideológica y la intendencia para los crímenes. «Éste es el juicio verdaderamente importante», repite, convencido de que en la telaraña de ETA el que aprieta el gatillo es lo de menos.