Política sostenible

FERNANDO FERNÁNDEZ
Actualizado:

General Motors se ha declarado en bancarrota. Opel se encamina a ella. El sector del automóvil sufre exceso de capacidad productiva. Es un producto maduro. No es un problema coyuntural sino estructural. No guarda relación con la crisis financiera. La demanda en los países industrializados ha alcanzado su límite y se desplaza hacia otros mercados. La tecnología es conocida y fácil de reproducir. Las empresas que sobrevivan estarán centradas en esos nuevos mercados. General Motors ha fracasado en su adaptación a los gustos y preferencias del nuevo consumidor, tiene un problema de producto. Pero también un problema de costes, sus sindicatos a pesar de ser accionistas no han sido capaces de reconducir sus condiciones laborales hasta ser competitivos. Pedir ahora dinero al contribuyente no es de recibo. Nadie puede alegar sorpresa o riesgo sistémico. Ni siquiera Obama. Tampoco se pone en peligro el desarrollo tecnológico del país. Solo unos cuantos puestos de trabajo, los 7.200 en riesgo en Figueruelas son los que se han perdido cada día del primer trimestre sin que el Gobierno considerase oportuno hacer una reforma del mercado de trabajo.

La quiebra de General Motors y los inútiles intentos de las autoridades alemanas y españolas para retrasar el inevitable contagio nos recuerdan debates de política industrial ya superados en la restructuración de los ochenta. El tamaño no puede ser un argumento para la intervención pública. No se justifica ni por eficacia económica ni por justicia social. Solo son razones electorales que pagaremos todos los contribuyentes con menores recursos públicos para aliviar a los verdaderamente necesitados y para apostar por el futuro. Pero que no se preocupen en Aragón que el presidente Zapatero acudirá en su rescate, porque no estamos hablando de economía sostenible sino de política sostenible.