Macron se inmiscuye en la política española

La política, como el amor

Salvador Sostres
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Vox no es extrema derecha y en España no hay extrema derecha. Hay extrema izquierda y es peligrosísima aunque momentáneamente la hayamos derrotado. Podríamos reprocharle a Albert Rivera que no se abstenga en la investidura del presidente Sánchez y que le fuerce a entenderse con Podemos y con Esquerra; pero es demagogia, comedia y propaganda demonizar a Vox en nombre de un supuesto radicalismo que ni lo tiene ni lo pretende.

Macron le carga a Abascal su guerra con Le Pen y aprovecha para congraciarse con Sánchez en un tiempo en que a nadie le sobran aliados. Pero que la moderación sea preferible a la estridencia no puede llevarnos a llamar extrema derecha a todo lo que no nos gusta.

A Rivera le sobran espejitos mágicos y le falta personalidad. Creyó que si mataba a Rajoy llegaría a presidente y lo que hizo fue allanarle el camino a Sánchez. Ahora quiere matar a Sánchez y está consolidando a Pablo Casado. Puigdemont y Ciudadanos coinciden en el cuanto peor, mejor. El primero, porque cree que así destruirá España. El segundo, porque cree que así será presidente. Pero ninguna de las dos cosas sucederá.

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