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Plácido Domingo y el metoo

Una agencia internacional de noticias ha recogido el testimonio de nueve mujeres (ocho cantantes y una bailarina) que dicen haber sido objeto de un presunto acoso sexual por parte de Domingo

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A rebufo de la ola del movimiento feminista MeToo, las acusaciones de acoso sexual se han detenido ahora en Plácido Domingo, figura estelar de la música clásica en el último medio siglo y uno de los cantantes que mayor reconocimiento y admiración internacional ha despertado jamás en el mundo de la ópera, un artista descomunal que goza de un prestigio planetario gracias a su enorme talento. Una agencia internacional de noticias ha recogido el testimonio de nueve mujeres (ocho cantantes y una bailarina) que dicen haber sido objeto de un presunto acoso sexual por parte de Domingo, acusaciones que el maestro madrileño califica de «inexactas» y que la noticia asegura que se han venido produciendo en las tres últimas décadas, si bien solo una de las «denunciantes» se ha identificado sin aportar más prueba que su propio testimonio. Resulta justo y cabal, por tanto, respetar la presunción de inocencia de Plácido Domingo, como la de cualquier persona que sea objeto de una denuncia similar.

No es el primer caso en que tras su judicialización un artista se ha visto exonerado de una acusación similar, aunque la pena de telediario ha terminado con su carrera y proyección pública. Siempre hay que esperar a la Justicia. No han de tomarse estas líneas como un intento de justificación de prácticas deleznables, como son aquellas que tienen que ver con el acoso o el abuso sexual prevaliéndose de una situación de superioridad. Ni tienen el propósito de salvar la imagen de una figura tan emblemática y querida en todo el mundo. El propio Domingo incluye en su nota exculpatoria una perspectiva que quizá se olvide con frecuencia, como es que «las reglas y valores por los que hoy nos medimos, y debemos medirnos, son muy distintos de como eran en el pasado». Afortunadamente, la sociedad evoluciona, muchas veces a mejor en muchos ámbitos. Y este, al margen de cruzadas más o menos justicieras, es compatible con lo que digan los tribunales sin que sea justo meter a todos en el mismo saco.