De Pilar Bardem a Miguel Bosé

ANTONIO BURGOS
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CUANDO el niño de Jesús Gil era alcalde de Estepona, entró allí la fiebre (nada porcina) de ponerles calles a famosos. Especialmente a los de tres al cuarto. A los chiquichancas profesionales del famoseo. Como recalificaban tantísimo campo y hacían tantísimas calles nuevas, necesitaban como el comer nombres para esas vías de nueva formación. Con lo que mangó calle casi todo el mundo. Y alguien con mucha gracia resumió lo absurdo de la situación diciendo:

-En Estepona hay que tener mucho cuidado, porque vas allí desde Marbella a tomar café, y como te vea el alcalde, te pone una calle.

Bueno, pues en Sevilla hemos superado a Estepona. En Sevilla, para que te pongan una calle, ni hace falta que vengas a tomar café. Basta, como Pilar Bardem, con que hayas nacido aquí por casualidad, porque tus padres, actores, estuvieran actuando para la retaguardia del victorioso bando nacional en la guerra, que tendrás tu calle. Sobre todo si afirmas tu sevillanía con esa frase que ya ha sido labrada con letras oro en la Giralda: «En algún sitio hay que nacer». Pilar Bardem le ha dado la vuelta a lo de «en Sevilla hay que morir» de la sevillana. Ha dado el cante con su sevillana de «en algún sitio hay que nacer». ¿Que para darte una calle por esa proclamación enfervorizada y entusiasta de sevillanismo hay que quitársela a un general que la guerra más cercana que hizo fue la de Cuba? Pues se le quita, y listo. Para eso está la ley de la Memoria Histórica, para complacer a los nuestros. El famoseo de izquierdas es el famoseo de izquierdas. Como alguien ha sentenciado en la misma Feria, tate, aquí hay tomate: «Es que esa mujer parió al que está con Penélope Cruz, quillo, y eso hay que premiarlo».

Y cuando parecía insuperable el dislate de la calle Pilar Bardem puesta por el Ayuntamiento con equivocación generacional de generales Merry incluida, viene la Diputación de Sevilla y le echa la pata. A Pilar Bardem, que nació aquí por casualidad, le ponen una calle. Pero es que a Miguel Bosé lo hacen Hijo Adoptivo de una provincia que apenas ha pisado. ¿Mérito? Pues que mentó el nombre de Sevilla en una canción. Aquello de cuando el no sé qué que a Triana va, Seviiiiilla, ¿le parece usted poco? Hombre, me parece poco preciso. Si es por Sevilla, más hizo Carmelo Larrea, con su bolero del «Sevilla tuvo que ser» y no le dieron ni las gracias. En cuanto a la provincia, tiene ciento y pico de pueblos, aparte de la capital. Ha habido decenas de cantantes que han popularizado memorables canciones dedicadas a muchos de ellos: a Lora del Río, la del barquerito; a Utrera, la de la Virgen de Consolación con el barquito en la mano; a Carmona, la de la diligencia de las mulas castañas. A ninguno, que yo sepa, lo han hecho hijo adoptivo de la provincia. Título que tiene mucha gracia. Que te nombren hijo adoptivo de una provincia es como si te hicieran nacer en una Consejería, en una Subsecretaría o en una Secretaría de Estado. Es tan falso y forzado como si te hicieran hijo adoptivo de un partido judicial o de la Federación de Municipios y Provincias. Se nace en una ciudad, en una villa, en un pueblo, en una aldea, nunca en un concepto administrativo.

Puestos así, llevado hasta los límites del ridículo lo de Estepona, propongo que empecemos a nombrar hijos adoptivos del GPS. Eso sí, todos de la cuerda, todos adictos al Régimen, todos del Sindicato de la Ceja y del Club de la Pancarta y la Pegatina. Será mucho más útil. Porque Miguel Bosé tendrá que venir a recoger su título de hijo adoptivo con GPS, porque no sabe ni dónde está la calle Sierpes. Espero, sin embargo, que sea un poco más delicado que Pilar Bardem, su correligionaria de mangazo y de cobro de servicios prestados, y no diga: «Hombre, alguna ciudad hay que sacar en las canciones...»