¿Qué piden los ciudadanos?

«Macron no tiene intención de reformar el Estado, porque el Estado no puede reformarse desde dentro, como tampoco Luis XVI podría haber abolido la monarquía»

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A los franceses les gustan los experimentos revolucionarios. Cuando una protesta contra el aumento del precio de la gasolina paralizó las ciudades el pasado otoño, la opinión pública apoyó espontáneamente a los chalecos amarillos, por el nombre de los chalecos de emergencia que todo automovilista debe llevar en su vehículo. Estos chalecos amarillos, sin más programa que su odio al presidente Macron y sin un líder, han acabado por agotarse o degenerar en violencia. ¿Pero cómo responderles? En una democracia corriente, lo que nunca ha sido Francia, el Gobierno habría apelado a los votantes, o convocado al Parlamento. En Francia, no; Macron necesitaba una respuesta fuera de lo común. De modo que propuso, con cierto éxito hasta ahora, un gran