Picasso y la nueva etapa del CARS

PABLO Picasso desembarca al más alto nivel en el Reina Sofía, aprovechando que el museo dedicado en París al genial artista español cierra sus puertas para una reforma de su sede. No puede empezar con

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PABLO Picasso desembarca al más alto nivel en el Reina Sofía, aprovechando que el museo dedicado en París al genial artista español cierra sus puertas para una reforma de su sede. No puede empezar con mejor pie la nueva dirección del CARS. Aunque la muestra estaba preparada con antelación, Manuel Borja-Villel tendrá su primera prueba de fuego como máximo responsable artístico del museo con un acontecimiento de primer orden internacional: se trata de cuatrocientas obras, muchas de ellas del máximo relieve en la producción picasiana, procedentes en buena medida de la dación en pago de impuestos por parte de sus herederos. Esta misma fórmula, importada de la legislación francesa, ha permitido también al CARS adquirir piezas de primera magnitud. Si a ello se suma la presencia del «Guernica» en la colección permanente, es evidente que Madrid se convertirá durante los próximos meses en la capital universal para los millones de admiradores del artista más importante del siglo XX. Buena falta le hacen al Reina Sofía noticias positivas después de una etapa marcada por una pésima gestión que ha perjudicado notoriamente su prestigio en el complejo y competitivo mundo del arte contemporáneo. Este es el tipo de exposición que el CARS necesita para ocupar el lugar que le corresponde en el panorama internacional. Es también una buena oportunidad para poner a pleno rendimiento la ampliación realizada por Jean Nouvel y para someter a una primera evaluación la capacidad organizativa del nuevo equipo directivo. Borja-Villel ha suscitado muchas expectativas favorables y ha demostrado una fuerte personalidad en su declaración de intenciones como director, todo lo cual debe empezar ahora a confirmarse. El CARS está situado ante un reto que exigirá mucho esfuerzo y profesionalidad para sacar todo el provecho posible a una macroexposición de gran alcance. Es el momento de que el museo madrileño deje de ser noticia por las goteras, los conflictos internos o la pérdida de piezas gigantes, y pase a serlo por la calidad de las obras que exhibe.

La política de consenso en materia de instituciones culturales de cabecera es una buena fórmula siempre y cuando no se utilice para encubrir la desidia o la incapacidad de algunos responsables. Durante la etapa ministerial de Carmen Calvo, el CARS y la Biblioteca Nacional cayeron en un profundo bache del que los ha rescatado con cierta sensatez el actual ministro. Sin embargo, ni César Antonio Molina ni nadie pueden contar con un cheque en blanco, sino que habrá que analizar con detalle los resultados en la gestión de las instituciones que dependen de Cultura. Con nuevo patronato y nuevo director, el CARS deja atrás el periodo de Ana Martínez de Aguilar y resulta ahora mucho más fiable que hace un año. La gran exposición de Pablo Picasso llega así en el mejor momento para simbolizar el comienzo de un nuevo e ilusionante proyecto.