La perversidad del salario mínimo

Jóvenes e inmigrantes pagarán el pato de un alza «populista» del SMI

María Jesús Pérez
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La subida del salario mínimo interprofesional (SMI) -en vigor desde el día 1 del recién estrenado 2019 tras el pacto presupuestario, por su cuenta y riesgo, entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias-, ha sido una de las medidas «por decreto» que ha acaparado la mayoría de los titulares de la prensa. No es para menos. A priori, desde luego, podría parecer una noticia muy positiva. Al fin y al cabo supone una mejora en los bolsillos de unos 2,5 millones de españoles. El alza es del 22,3% en un año hasta los 900 euros mensuales, el mayor dado en democracia.

El aumento sin duda ha revitalizado un histórico debate entre economistas liberales y progresistas sobre los efectos en el empleo.

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