Perú, el triunfo del mal menor

HACIENDO de tripas corazón, una mayoría de peruanos eligió ayer presidente por segunda vez al socialdemócrata Alan García, a pesar de que en su primera etapa dejó una de las herencias más desastrosas

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HACIENDO de tripas corazón, una mayoría de peruanos eligió ayer presidente por segunda vez al socialdemócrata Alan García, a pesar de que en su primera etapa dejó una de las herencias más desastrosas que se recuerdan en el país iberoamericano. Ni en las más estrambóticas pesadillas se imaginaban en Perú que volverían a reelegir con alivio a alguien que hace dieciséis años dejó al país ahogándose en sangre, con la guerrilla a las puertas de Lima y con una inflación del 7.000 mil por ciento a cuestas. Pero, obligados a escoger entre lo malo y lo peor, los peruanos se han tenido que creer las promesas del candidato aprista, aunque sólo fuera para evitar que llegase al poder el aspirante populista y neoindigenista Ollanta Humala, al que apoya abiertamente Hugo Chávez. El venezolano ha sido, precisamente, la peor carta de presentación para Humala: es tan evidente lo que el eje Chávez-Castro-Morales representa que a una mayoría de peruanos no les ha cabido ninguna duda de que, por mal que lo haga García en su nuevo mandato, tiene más probabilidades de éxito que Humala siguiendo las excéntricas recetas que predica el caudillo bolivariano.

El país ha quedado, de todos modos, peligrosamente dividido: García se ha impuesto en la Gran Lima y las zonas urbanas, mientras que Humala ha sido votado mayoritariamente en las regiones más pobres, el montañoso sur y las provincias selváticas. Y, por si fuera poco, tendrá que gobernar sabiendo que el partido de su rival (Alianza por el Perú) controla el mayor grupo de diputados en el Congreso y ha constituido la mayoría minoritaria. Con estas cartas, es muy probable que la estabilidad institucional se convierta esta legislatura en un ejercicio de malabarismo continuo.

Para Chávez y sus planes de expansionismo ideológico, la victoria de Alan García representa una segunda derrota consecutiva después de la reelección de Uribe en Colombia, pero es poco probable que este contratiempo cambie el rumbo de sus pretensiones. Visto lo que dijo en la campaña electoral -llegó a amenazar con romper relaciones diplomáticas si no ganaba Humala- se puede dar por seguro que Venezuela confirmará su retirada de la Comunidad Andina y que muy probablemente Bolivia seguirá el mismo camino, lo cual dejará herida de muerte a esta organización de integración regional y retrasará innecesariamente el engarce de estos países con las economías de Europa y EE.UU.

Pocas veces la historia le concede a un dirigente que ya fracasó, como Alan García, una segunda oportunidad tan ventajosa. Hereda de Alejandro Toledo unas cuentas razonablemente estables; el prestigio de las instituciones no está manchado por el despotismo, como sucedió en la etapa de Fujimori, y va a tener el apoyo internacional. En sus manos está mantenerlo y limpiar, de paso, su propia reputación.