La Tercera

Los peregrinos de Emaús

«Ni el encuentro con Jesús, ni siquiera su palabra explicándoles cada uno de los pasajes de la Escritura referidos a Él, llevó a los discípulos a reconocerlo; solo la propia luz que de Cristo resucitado emana les quita el velo que llevan en los ojos y les permite propiamente verlo, pues su estado natural hasta entonces -¿el nuestro?- era la ceguera»

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El más sobrecogedor y misterioso de los relatos evangélicos que aluden a lo ocurrido tras la resurrección de Cristo es el pasaje de San Lucas de los peregrinos de Emaús (Lucas 24, 13-35). La escena se abre el mismo día de la resurrección en el camino de dos leguas que separaba Jerusalén de Emaús. Dos discípulos hablaban y discutían entre sí de lo acontecido, cuando Jesús se les acercó y se puso a caminar con ellos, sin que le reconocieran. Jesús les inquirió el motivo de su discusión y de su tristeza, a lo que éstos contestaron refiriéndole lo sucedido en Jerusalén esos días: el prendimiento, condena, crucifixión y muerte de Jesús nazareno, profeta poderoso en obra y palabra, del