A percebes y a champán

EDURNE URIARTE
Actualizado:

Afirma Manuel Chaves que «en una democracia los amigos de Aznar como Correa acaban en la cárcel», aseveración con la que puedo estar razonablemente de acuerdo. En efecto, en democracia, los corruptos acaban en la cárcel, o al menos es deseable que así suceda. El problema viene cuando nos preguntamos dónde acaban los políticos que utilizan su poder para tomar sospechosas decisiones muy beneficiosas para sus familiares, como los diez millones de euros que Chaves dio a una empresa de su hija. Pues acaban de vicepresidentes del Gobierno, como poco.

O dónde acaban esos responsables del Ayuntamiento de Sevilla que gastaron 400.000 euros de los contribuyentes en un mirador de ballenas en el Caribe, casualmente relacionado con una operación urbanística de Gustavo Cisneros, amigo de Felipe González. O dónde acaba un alcalde como el de Barcelona que gasta 300.000 euros al año en su blog. Pues, de momento, todos estos alegres derrochadores de fondos públicos no acaban de vicepresidentes, pero no hay que descartar que eso ocurra.

Exactamente igual que los políticos vascos que gastaron recientemente 150 euros por cabeza en una cena para agasajar a los asistentes al Congreso Vasco del Deporte. A percebes y a champán, y no cualquiera, Moët Chandon, nada menos. Bien es verdad que parte de los responsables, los del Gobierno Vasco, han acabado en la calle, pero no por los percebes y el champán, cosa de la que nos hemos enterado después de las elecciones. Y el resto, ahí siguen, firmes en sus puestos de la Diputación y de la concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Bilbao que recae en un hombre de IU, poco alérgico, al parecer, a los gustos propios de los ricos. En su caso, reconozco sus escasas posibilidades de llegar a vicepresidente, pero no por el Moët Chandon, sino porque su partido está en la oposición.