Pedro Sánchez, ese fenómeno

En lugar de aprovecharse de su posición de superioridad, Sánchez está entregado a quien le necesita para sobrevivir

Ramón Pérez-Maura
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Quienes tenemos presentes aquellos poco más de ocho años en que Alfonso Guerra fue vicepresidente del Gobierno, entre diciembre de 1982 y enero de 1991, tenemos un recuerdo de él que equivaldría al de ser la bestia negra de los valores que defendía la derecha española -entre la que creo que me contaba entonces y hoy-. Se pasaba la vida atacando con la mayor acritud todos los principios que defendía la oposición al Gobierno en el que él estaba integrado con tan altas responsabilidades. Creo que es difícil encontrar a alguien que cite un legado político de Guerra que no sea el que estoy mentando: ser la pesadilla de sus rivales. No es un mérito menor, pero difícilmente es causa

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