Pedro Páramo

España saldrá del apuro cuando tenga el valor de admitir que la grande estrella de su vida literaria es Pedro Sánchez, un Pedro Páramo hecho en los chinos

Ignacio Ruiz-Quintano
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Pedro Sánchez es el Pedro Páramo, con su mezcolanza de voces y muertos (Franco, Azaña), de la Comala (¡un lugar inánime!) moral y cultural que es esta España oficial que vive de la real y que ganará las votaciones, que son las suyas.

Pedro Páramo es cosa de Juan Rulfo, hombre menudo que podría ilustrar en dos anécdotas la azarosa distinción schmittiana de lo político, que es la distinción de «amigo», Freund, y «enemigo», Freind.

La primera con José Luis Cuevas, el de La Giganta, en el aeropuerto de México, en los primeros 60, camino de Yucatán, pues se celebraba un encuentro de intelectuales americanos donde iba a gestarse la idea del «boom». Cuevas llega al aeropuerto y entonces ve

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