Pasión de Nicodemo

Cuando supe que Jesús ya había expirado en el Gólgota, corrí dispuesto a expiar mi culpa

Juan Manuel de Prada
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Cuando supe que ya había expirado sobre el madero, decidí subir al Gólgota, para visitarlo por última vez. Volvía a hacerlo de noche, como siempre lo había hecho hasta entonces, aprovechando que mis colegas del Sanedrín ya se habían retirado y mis hermanos fariseos dormían, aprovechando que de noche todos los gatos son pardos.

Por elegir siempre la clandestinidad de la noche para visitar a Jesús algunos me llamaban con desdén el discípulo tibio. A Jesús lo quise y admiré mucho, pero no hasta el extremo de confesar mi amor y admiración en público, no hasta el extremo de poner en riesgo mi posición, no hasta el extremo de vencer los respetos humanos y abandonar las cautelas. Siempre he sido

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