Paseo sindical

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LOS sindicatos celebraron ayer el Primero de Mayo con una evidente falta de interés político y una notoria voluntad de no incomodar al Ejecutivo socialista. Después de oír a los líderes sindicales, cabría preguntarse si existe Gobierno en España y si tal Gobierno tiene alguna responsabilidad en el 20,05 por ciento de desempleo, en los 4.600.000 desempleados y en las 1.300.000 familias con todos sus miembros en paro. Aquellos combativos sindicatos que culpaban a los Ejecutivos de turno de todos los males, incluso en tiempos de bonanza, pasearon ayer sus banderas y pancartas con exquisita ocultación de la responsabilidad política del Gobierno de Rodríguez Zapatero, salvo alguna mención crítica de pasada, enseguida compensada con otra aún peor hacia el PP. En lugar de centrarse en la realidad de este país, los dedos acusadores señalaron a los mercados financieros, los mismos que tienen que financiar el déficit público para que los parados españoles sigan cobrando sus subsidios, y los jubilados, sus pensiones. No deja de ser un sarcasmo que el lema de la convocatoria conjunta de CC.OO. y UGT -«Por el empleo con derechos y la garantía de las pensiones»- no llevara a ambas organizaciones a protestar explícitamente contra el Gobierno que menos derechos da a los trabajadores, porque se están quedando sin su derecho principal, que es trabajar, y que más inquietud ha sembrado sobre el futuro de las pensiones, recomendando unas veces que se cojan planes privados, alertando otras de que en diez años el sistema público puede fallar y confundiendo siempre a todos, incluida Bruselas, sobre lo que el Gobierno quiere realmente hacer con este pilar del Estado de bienestar.

En una sociedad democrática, las instituciones políticas y las organizaciones sociales, empezando por las empresariales, deben asumir su responsabilidad, no sólo para justificar su existencia, sino para permitir que el sistema funcione eficazmente. Si los sindicatos ocupan el espacio de la representación de los trabajadores, con reglas de mejorable calidad democrática y privilegios de dudosa necesidad, es para defender los intereses laborales, sobre todo en tiempo de crisis. Pero en España los sindicatos están conllevando el desplome del mercado laboral como si fueran portavoces del Gobierno. La realidad, sin embargo, está estrechando este margen de coalición entre uno y otros, y ya ayer reconocieron que es posible llegar a los cinco millones de parados. Ante esta expectativa, lo mínimo que cabe esperar de los sindicatos es una respuesta autónoma y no un incomprensible cierre de filas con el Gobierno.