Una raya en el agua

Que pasen

En democracia, los debates no son un privilegio graciable, sino un derecho. Y no de los políticos sino del pueblo

Ignacio Camacho
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El defecto más sectario del debate político es el doble rasero, y sin embargo el que mejor perdonamos los ciudadanos porque es el más nuestro, el que con más exactitud refleja nuestras pasiones y sentimientos. Qué denuestos habría pronunciado la izquierda, por ejemplo, si en 2015 Rajoy se hubiese negado a celebrar un debate con Sánchez para protegerse de su adversario más directo. En realidad el condicional sobra: lo pusieron de vuelta y media sólo por amagar con hacerlo. Como, en ausencia de una ley que los regule, esta clase de encuentros dependen de que el César de turno suba o baje el dedo, ahora es el mismo Sánchez el que rechaza debatir con el jefe de la oposición para

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