Parábola del asno sabio

Por Luis Ignacio PARADA
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Originario de Egipto, el asno ha convivido con el hombre desde hace 6.000 años. Una pintura mural que data del año 2200 antes de nuestra Era se titula, precisamente, «El hombre y el asno». Seth, el dios del desierto, opuesto a Osiris, dios de la vegetación, era representado por un pollino. Hace diecinueve siglos Apuleyo contó la historia del joven Lucio que, cegado por sus pasiones, recurrió a la magia para lograr el cumplimiento de sus deseos y se vio convertido en un asno hasta que Isis se apiadó de él. En la reserva de Rute, (Córdoba), que tutela el marqués de Valdemar, puede verse que cuando alguna borrica entra en celo masca hierba de una forma especial, de manera que su aliento se expanda por el aire. El olor llega hasta los burros más distantes y su rebuzno se oye a más de quince kilómetros. La Asociación para la Defensa del Burro nombró Arrieros de Honor a Rafael Alberti y a Camilo José Cela. Y les regaló un macho, llamado «Carabina», que tenía fama de haber cubierto a cien hembras sin mamporrero, y una hembra que atendía por «Golondrina». Cuando la burra de Cela se puso en celo, le preguntaron a su amo qué burro quería que la cubriese, si el asno del marqués, propietario de la reserva, o el burro de Alberti. Y dicen que contestó que «prefería ser familia del señor marqués». En los últimos 40 años han desaparecido en España 1.100.000 asnos. El éxito de la escolarización sería evidente si no estuviéramos hablando de esa especie protegida y en peligro de extinción de la que quedan apenas 65.000 ejemplares.