Editorial ABC

El papel de Moscú en la crisis venezolana

Las maniobras para obstaculizar la caída de Maduro y convertir los últimos días de la dictadura bolivariana en una prórroga de la tortura que padecen los venezolanos no son más que una maniobra instrumental

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El interés de Rusia no es salvar a Nicolás Maduro, alguien cuyas desastrosas características Vladímir Putin conoce muy bien. Ni siquiera se trata, como en el caso de China, de intentar asegurarse el cobro de las cuantiosas deudas que el régimen bolivariano ha acumulado con el gigante asiático. Para el autócrata ruso, Venezuela es un peón y uno de los más importantes en su principal objetivo estratégico: debilitar a las democracias occidentales. Las maniobras para obstaculizar la caída de Maduro y convertir los últimos días de la dictadura bolivariana en una prórroga de la tortura que padecen los venezolanos no son más que una maniobra instrumental. Si a Putin poco le conmueve el bienestar de los ciudadanos rusos, menos aún le puede inquietar si los venezolanos mueren de hambre, de enfermedades o de violencia. Pero sí le interesa que en América haya países donde no hay libertad y cuyos sátrapas puedan dedicarse a desestabilizar a sus vecinos. Transformar esta situación en un nuevo asunto bilateral entre Moscú y Washington, como en los viejos tiempos de la Guerra Fría, solo puede servir para mejorar las posiciones de Rusia, que ya tiene sus tropas y medios militares sobre el terreno, y para apartar a Europa, es decir a España, de un conflicto en el que tiene una responsabilidad directa mucho más importante de lo que parece. Y no solo por los miles de venezolanos que estamos acogiendo sino porque hemos sido el primer objetivo de esa política de expansión desestabilizadora del chavismo bolivariano por Europa. Y también porque ahora la protección que España le brinda a Leopoldo López es esencial tanto para nosotros como para todos los venezolanos, que merecen un futuro en libertad y prosperidad dejando atrás cuanto antes la pesadilla de la dictadura.