María Jesús Montero, Isabel Celaá y Nadia Calviño
María Jesús Montero, Isabel Celaá y Nadia Calviño - Jaime García

Del panfleto a la ingeniería contable

Si los Presupuestos estuvieran pensados para beneficiar a la sociedad española, se centrarían en fomentar el empleo, en lugar de subir los impuestos para pagar ofertas electoralistas

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El proyecto de Presupuestos presentado ayer en La Moncloa y enviado a Bruselas es un ejercicio de ingeniería contable. Los técnicos a cargo de la ministra Nadia Calviño se han dedicado a transformar la prosa panfletaria y demagógica del pacto entre el presidente del Gobierno Pedro Sánchez y el dirigente de Podemos, Pablo Iglesias, en una hoja de cálculo presentable a ojos de la Comisión Europea. Pero no es más que eso, una endeble capa de pintura para intentar ocultar un proyecto de transformación social basado en viejas recetas, probadamente perjudiciales para la economía, al que el Ejecutivo quiere dar una apariencia de banalidad técnica. La reducción de las perspectivas de crecimiento, junto al mantenimiento de un objetivo de déficit dentro de los límites del pacto de estabilidad, están cuidadosamente encuadrados en el mismo marco de las reglas europeas para limitar la capacidad de la Comisión a la hora de señalar sus opiniones críticas sobre el fondo. Pero la realidad es que se trata de unos Presupuestos expansivos y poco prudentes para encarar un periodo de desaceleración de la economía. Si estuvieran realmente pensados para beneficiar a la sociedad española, se centrarían, ante todo, en fomentar el empleo, en lugar de subir los impuestos para pagar toda la parafernalia de ofertas electoralistas.

Tal vez la gravedad del desafío europeo del Gobierno italiano, en manos de demagogos de múltiples tendencias, pueda ayudar a Pedro Sánchez a sortear, aunque sea por los pelos, este examen preliminar comunitario, pero ese no será más que el primer paso. Le quedan todavía todas las facturas y chantajes de sus socios más inestables, entre ellos los efervescentes independentistas catalanes, cuyo voto será la prueba definitiva del desastre, porque estos siempre prefieren apoyar lo que es malo para España. Y lo tendrá que hacer bajo la vigilancia de Iglesias, que también le ha dicho que el pacto está cerrado y no admite regateos, salvo los que ellos van añadiendo, como la escandalosa propuesta de crear una nueva banca pública y renunciar a la privatización de Bankia.

Por si fuera poco, el Gobierno del doctor en Economía insiste en puentear al Senado por la sencilla razón de que no le favorece la correlación de fuerzas en la Cámara Alta a la hora de tramitar el Presupuesto. Esta maniobra es seguramente tanto o más grave que unas décimas más de déficit, y merecería realmente que la Comisión estudie si se trata de una violación de los principios enunciados en el artículo 7 del Tratado. Por gestos como este hay países que han sido apercibidos -y con razón- por parte de la Comisión Europea, y con el entusiasmo de la bancada socialista en Estrasburgo.