LA TERCERA

El paisaje después de la batalla

«Queda ahora abierta la manera en que cada una de las fuerzas políticas interpretarán el sentido del voto que han recibido. ¿Creerá Sánchez que su obligación es permanecer en La Moncloa a cualquier precio, y echarle la culpa a la derecha si, al evitar pactar con él, recurre al voto separatista?»

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El agotador ciclo electoral que ha conocido España entre el 28 de abril y el 26 de mayo de 2019 constituye una muestra acabada de las incertidumbres y paradojas que trae consigo la vida democrática. Para muestra, baste el botón del PP, que a las 8 de la tarde del día 26 de mayo recibía unos primeros y comatosos pronósticos que hacían prever, en el preocupado sentir de algunos, un declive imparable, similar al en su momento sufrido por la UCD, mientras que, en torno a la medianoche, tenía que improvisar un tablado que permitiera celebrar la que parecía segura victoria de la formación tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad de Madrid. Y casi en paralelo, la impávida

Javier RupérezJavier Rupérez