El Rey padre

«Nuestra Nación, que es una de las más antiguas, que supo crear un imperio, abrir nuevos caminos por el mar y transformar un continente entero, está siendo objeto de ataques que la ponen en riesgo, pero aún tiene fuerzas para superar esos peligros; las banderas renacidas en los balcones de todo el territorio y los aplausos al Rey padre en el acto de conmemoración del 40 aniversario de la Constitución, lo hacen visible»

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Nunca me ha gustado el título de «Rey emérito», coincido en ello con mi admirado Antonio Burgos, del que soy ocasionalmente vecino en estas páginas. Siempre que puedo le dirijo a Don Juan Carlos I el apelativo de «Rey Padre». Si es Rey y es padre del que felizmente reina en España, es claro que ese título le corresponde por derecho propio, siendo además conforme con la esencia de la Monarquía, que se basa en la sucesión hereditaria de una familia.

Hay además otra razón para llamar padre, y no solo en el sentido dinástico, al Rey que, con habilidad y prudencia admirables, supo encontrar a las personas, arbitrar la fórmula y lograr el éxito de una operación política que