Pactos con luces y sombras

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EL ministro Ángel Gabilondo presentó ayer a los consejeros autonómicos un plan de 104 medidas como base para la puesta en marcha del pacto educativo que reclama no sólo la comunidad escolar, sino el conjunto de la sociedad española. El departamento ha hecho los deberes y, sobre todo, demuestra que su objetivo es alcanzar un verdadero consenso. Así lo refleja el anuncio de que no se tomarán medidas si no cuentan con un apoyo de dos tercios en el Parlamento, evitando que la alternancia partidista suponga una permanente vuelta a empezar en materias que requieren estabilidad y permanencia. Hay propuestas bien pensadas, como la posibilidad de que cuarto de la ESO se convierta en un curso de orientación para optar entre Bachillerato y Formación Profesional. De este modo, se aproxima a la propuesta del PP, según la cual la ESO se reduciría en un año y el Bachiller pasaría a tres. Parece interesante la posibilidad de convalidaciones recíprocas entre las dos vías que se abren para los estudiantes al concluir la enseñanza obligatoria, eliminando la sensación de que se trata de caminos irreversibles. Sin embargo, Gabilondo no logra convencer a los padres y profesores en algunos ámbitos muy relevantes. Es correcto apelar a la cultura del esfuerzo y la responsabilidad o destacar el papel básico que corresponde a los profesores, pero estas propuestas no pasan del terreno de una retórica plagada de buenas intenciones.

Lo peor de todo es que el Ministerio elude cualquier cuestión polémica, ya sea la Educación para la Ciudadanía o las relaciones con las comunidades autónomas. La enseñanza en castellano y la historia común a todos los españoles no aparecen por ningún sitio, sin duda para evitar que los nacionalistas pongan en peligro un acuerdo que populares y socialistas parecen dispuestos a suscribir. La búsqueda del consenso a toda costa puede conducir el pacto hacia una tierra de nadie. Además, la oferta ministerial en materia de financiación se limita a anticipar fórmulas de colaboración entre las administraciones públicas que deberían ser objeto de precisiones mucho más detalladas. Con sus luces y sus sombras, el documento presentado ayer por el ministro puede ser un punto de partida pero no es ni mucho menos una base sólida para el verdadero pacto que resulta imprescindible en un ámbito decisivo para el futuro de España. Habrá que seguir con atención los próximos debates al respecto.