Ni pacto ni Estado

JOSÉ MARÍA CARRASCAL
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IGNACIO Camacho ha vuelto a dar en la diana al decir que para lograr un pacto de Estado se necesita tener algo que los españoles no tenemos: una idea común de Estado. Y una idea común de pacto, añadiría si me lo permite. Porque aquí todos hablan de pacto, pero nadie está dispuesto a admitir que los demás pueden tener una solución tan buena o mejor que la suya. Empezando por el Gobierno, que por boca de su presidente ha llegado a descalificar la fórmula del PP, no por razones económicas, sino ideológicas. La ideología anda en España hasta entre los pucheros. Así están ellos.

Pacto significa ceder algo para alcanzar algo, pero los españoles equiparamos cesión a derrota, hoy más que nunca, cuando intenta deshacerse incluso lo ya pactado. La Transición fue un pacto entre vencedores y vencidos de la guerra civil para desmontar el Estado salido de ella y establecer otro de nueva planta, en el que todos los españoles tuviéramos los mismos derechos y deberes, absolviéndonos mutuamente de los daños infligidos unos a otros.

Pero Zapatero llegó al poder con el propósito de liquidar la Transición para ajustar viejas cuentas, bajo el nombre genérico de Memoria Histórica. Rompiendo con ello el consenso alcanzado y haciendo imposible el compromiso en todos los aspectos de la política y de la vida. Cuando la vida se funda precisamente en el compromiso, que hemos de practicar a diario, no sólo con los demás, sino también con nosotros mismos.

Le ha servido en la política, metiendo al principal partido de la oposición, y con él a media España, en un lazareto, con la ayuda de los que no se sienten españoles. Pero cuando se ha dado de bruces con la economía, la cosa ha cambiado radicalmente. La economía no entiende de ideologías. No hay panes de izquierdas y panes de derechas, el pan es siempre el mismo. Lo que ocurre es que las derechas lo producen más barato. Y Zapatero se encuentra con que le faltan panes y le sobran parados, no quedándole otro remedio que pedir ayuda a los que metió en el lazareto para salir del pozo en que se ha y nos ha metido.

Entiendo perfectamente la renuencia del PP ante ese pacto, primero, porque mientras Zapatero no renuncie a su fórmula, que consiste en más subsidios y más parados hasta que los demás tiren de nosotros, no habrá recuperación. ¿Un ejemplo? Ahí lo tienen: ¿convenía apoyar sus últimos presupuestos, como reclamaba, inservibles a los dos meses? Sería como dar aguardiente a un alcohólico. Aparte de que se adjudicaría cualquier éxito que se alcanzase, negándoselo a los demás. Pactar, decía al principio, es ceder. Y Zapatero no ha dado la menor muestra de ceder en cinco años. Lo único que ha hecho es dividir y mentir. No sólo a Rajoy, a todos. Con alguien así, no se va a ninguna parte. Un pacto de Estado no es una emboscada.