Editorial ABC

Otro lastre para el crecimiento

La histórica subida del salario mínimo a 900 euros al mes supuso la ruptura del diálogo social y un nuevo obstáculo a la creación de puestos de trabajo

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El Gobierno de Pedro Sánchez no solo pretende disparar los impuestos, al tiempo que eleva de forma irresponsable el gasto público, el déficit y la deuda durante la presente legislatura, sino que, además, lastrará la productividad de las empresas mediante la imposición de una senda salarial errónea y contraproducente. La histórica subida del salario mínimo a 900 euros al mes supuso la ruptura del diálogo social y un nuevo obstáculo a la creación de puestos de trabajo, ya que esta decisión unilateral podría suponer la pérdida de 125.000 empleos, según el Banco de España, pero también presionará al alza la fijación de sueldos en el resto de la economía. En concreto, el Gobierno calcula que los salarios subirán a un ritmo del 2 por ciento anual hasta 2022, solo que a costa de una fuerte caída de la productividad, lo cual, en última instancia, se traducirá en un crecimiento del PIB mucho más débil e inestable. La única forma de aumentar los sueldos de forma sólida y sostenible en el tiempo es haciendo que las empresas sean cada vez más productivas mediante la mejora del capital humano y una mayor dotación de maquinaria y tecnología a fin de impulsar el valor añadido.

El modelo que plantea Sánchez, por el contrario, consiste en forzar una subida generalizada de sueldos sin respaldo alguno de la productividad, de modo que el resultado será una economía endeble y poco competitiva, cuyo crecimiento, sin duda, tendrá pies de barro. Los sueldos no se pueden fijar por decreto. España necesita una mayor flexibilidad laboral, así como facilitar la inversión y el crecimiento de las empresas para mejorar la competitividad del país y el bienestar de los trabajadores. El plan de los socialistas es pan para hoy y hambre para mañana.