Otra hazaña del gafe

Por JAIME CAMPMANY
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ESTE gafe nuestro, residente habitual de La Moncloa, debe de haberse especializado en barcos petroleros y ha hecho otra de las suyas también al borde de nuestras costas. Después del desastre del Prestige en Galicia, donde aún colea el chapapote, galipote o como se llame esa maldición negra y viscosa que invade el litoral gallego, sobreviene este otro en la bahía de Algeciras. La gabarra llamada Spabunker IV, cuyo solo nombre ya produce un cierto espanto, se ha ido a pique en las aguas de la bahía y ha producido una mancha de combustible de un kilómetro cuadrado de extensión.

Por fortuna, la gravedad del percance no es comparable a la del Prestige. La gabarra no está soltando el fuel de la carga sino solamente el combustible para su propia alimentación. Además, la carga del Spabunker IV es aproximadamente de mil toneladas, volumen muy inferior a las setenta u ochenta mil, si no más, que trasportaba el Prestige. Los trabajos de recogida del combustible comenzaron enseguida y no se temen mayores complicaciones. Laus Deo. El ministro de Fomento, Álvarez-Cascos, se desplazó inmediatamente a Algeciras, donde trabaja un equipo especializado para rescatar la carga y transbordarla. De cualquier forma, un mayúsculo susto. Ya estamos demasiado castigados por la «marea negra» y cualquier incidente semejante nos pone los pelos de punta.

Por otra parte, y en aquellas mismas aguas, hemos sufrido las incontinencias y chulerías de las autoridades gibraltareñas, que han detenido y maltratado a varios periodistas españoles, embarcados en la aventura de abordar un petrolero desde una embarcación del Greenpeace. A la ministra de Exteriores, Ana Palacio, le ha tocado presentar la correspondiente reclamación a las autoridades británicas. Cada vez se evidencia más el anacronismo y la semilla de conflictos que supone una situación como la que Gran Bretaña mantiene en Gibraltar. Ni la Roca tiene aguas jurisdiccionales en las que ejercer soberanía, ni poseía espacio para disponer de un aeropuerto, ni podría subsistir con comodidad, como ahora lo hace, sin entrada por el aire ni por tierra. Ni España puede resignarse a que le metan en su litoral submarinos nucleares averiados y petroleros peligrosos de un solo casco.

Todo esto ha sucedido en aguas del sur. Este gafe viajero e incansable se pasea de una parte a otra de España, llevando el infortunio allá donde arriba. El Gafe petrolífero se ha trasladado ahora desde Finisterre a Punta Europa, y ha logrado hundir el Spabunker IV y traer tribulaciones a mis intrépidos colegas que buscaban en aquella zona información ecológica, que buena falta hace. Desde la Costa de la Muerte en La Coruña ha cruzado la Península para meterse en la dulce bahía gaditana, donde ahora opera, a un paso de lugares llamados Tarifa, Zahala, Olvera, Alcalá, Jimena o Medina, todos ellos topónimos de seis letras, 6, ojo al dato por si acaso alguno de ellos resulta útil para la identificación del Gafe en ese jeroglífico propuesto por el profesor Occhipinti y que no hay forma humana de que revele la solución, o al menos yo no la tengo. Prueben ustedes, si quieren.