Los orcos

Han debido de ir las cosas muy lejos cuando la bandera de una nación sirve de símbolo de protesta contra el Gobierno

Ignacio Camacho
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Por más que el sedicente progresismo se empeñe en presentarlas como algo siniestro, un retorno cavernario a la España del No-Do o una hosca nostalgia de un país en blanco y negro con cunetas llenas de muertos, las manifestaciones de la derecha dan poco miedo. Su grado de agresividad tiende a cero; nada de ese tenso músculo izquierdista que agita masas de ceño fruncido y aspecto fiero, ni de esa truculenta retórica de combate que inflama los discursos de poder popular y de asaltos a los cielos. La gente que tomó ayer la plaza de Colón en el nublado y gélido domingo madrileño no parecía ir tanto de protesta como de paseo. Gritos, pocos y quedos, aplastados por una megafonía

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