Ofertas electorales

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La precampaña electoral vasca empieza a cuajar, con forma de coalición, los primeros movimientos serios entre los partidos políticos. PP y UA han acordado concurrir juntos en Álava a las elecciones del 13 de mayo, dando cuerpo electoral a un modelo de gobierno no nacionalista, apoyado por el Partido Socialista, que ha desbaratado todo el repertorio apocalíptico del nacionalismo, presa del síndrome del imprescindible. Álava funciona sin ningún problema, aprueba sus presupuestos, las instituciones están blindadas frente al nacionalismo radical y la sociedad alavesa no sólo no ha sufrido ninguna catástrofe por la salida del PNV del gobierno territorial, sino que ha encontrado en la alternativa constitucional del PP y UA, con el PSE, un estado de normalidad democrática desconocido en los otros dos territorios históricos, Vizcaya y Guipúzcoa. Populares y foralistas se presentan como partidos de un gobierno limpio y no traumatizante, exactamente lo contrario de lo que ha sido el mandato de Ibarretxe, cuya tarjeta de presentación electoral está escrita con la tinta del fracaso. La coalición PP y UA recoge la evolución de la sociedad alavesa en estos años, que ha apostado por la defensa inequívoca del marco constitucional y estatutario frente a la estrategia del pacto de Estella. Todo indica que para los alaveses la opción constitucional no fue el fruto de una coyuntura electoral pasajera. Esta opción se ha convertido ya en un signo distintivo de este territorio, incorporado al único proyecto sensato para el futuro del País Vasco.

Por su parte, PNV y EA repiten la misma coalición que forjaron en 1998 al calor del pacto con ETA. El resultado electoral entonces fue lamentable, al empeorar los que habían obtenido por separado en las elecciones de 1994. Ahora reproducen la alianza movidos por la inercia frentista de Estella, por la estrategia de no ofrecer una imagen de fracaso tras dos años de gobierno compartido y por la acuciante necesidad de aprovechar hasta el último voto para evitar la expectativa probable de pasar a la oposición, algo tan catastrófico para los nacionalistas como una victoria del PP. La ventaja de estas coaliciones es que perfilan las ofertas electorales y, donde hay claridad, las voluntades individuales y colectivas dejan de estar engañadas. La coalición constitucional en Álava puede mostrar los resultados de un gobierno local no sectario, leal con el Estatuto y promotor de la paz ciudadana. La coalición nacionalista anda haciendo equilibrios para volver a presentar un programa electoral disfrazado, en el que las hechuras de los tópicos sobre diálogo, compromisos y respeto a la voluntad del pueblo vasco no tapan el único proyecto de PNV y EA de romper el marco constitucional y de apostar por la soberanía vasca, como ya anuncio Egibar quien, en un rapto de sinceridad, dijo que en su programa defenderían la autodeterminación. En definitiva, más Lizarra, más soberanía, más conflicto, más de que lo necesita ETA para justificarse. Las ofertas están claras.