Álvaro Martínez

El oasis era un espejismo

El nacionalismo ve Cataluña como un rico vergel de talento y prosperidad que deslumbraba ante la «mediocridad» y «bastedad» del resto de España

Álvaro Martínez
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No hace tanto tiempo que el nacionalismo, con esa pretenciosidad xenófoba y clasista que distingue su ADN, consideraba a Cataluña como un "oasis", un rico vergel de talento y prosperidad que deslumbraba ante la "mediocridad" y "bastedad" del resto de España. La expresión fue alumbrada en los años treinta por un tal Manuel Brunet, en un diario nacionalista de la época, y celebraba el primer Estatuto catalán como una suerte de milagro que serviría de barrera a los catalanes frente a la brutalidad medieval de esos tipos de más allá del Ebro. Fue publicar Brunet aquello del oasis y se abría paso la brutal persecución religiosa con el asesinato de 1.536 sacerdotes y tres obispos, y centenares de edificios religiosos destruidos en Cataluña. El término nacía gafado.

Pero como el nacionalismo tiene en la memoria selectiva su mayor fuente de inspiración, rescató el término con la llegada de la democracia. Aquello funcionaba como un tiro, era el símbolo de la modernidad, de eficacísima gestión y de estar en la vanguardia de todo: su potencia industrial, los mejores Juegos de la historia olímpica (pagados con el dinero de todos, eso sí), la milonga sentimental del "seny", los arpegios y los dos de pecho en el Liceo (reconstruido con el dinero de todos, eso también), los sueros milagrosos del patriota Grifols (cuya empresa tributa en Irlanda)… hasta se alardeaba de ser la cuna del Cola Cao o de haber inventado el fútbol moderno vía Pep. Otra vez el oasis.

Luego nos hemos ido enterando de aquello de la quiebra de Banca Catalana; de la astilla "institucional" del 3% (o más) para la CiU gobernante; de que el independentista Carod-Rovira negoció en Perpiñán con asesinos etarras para que no mataran en Cataluña; del trajín viajero de la que fuera "primera familia", que lleva años haciendo turismo por todos los paraísos fiscales del mundo; de los casos Adigsa, Casinos, Palau, ITV o Clotilde, donde funcionó a pleno rendimiento la mangoleta; de que se montan referéndum ilegales de independencia; de que en la "cruzada" soberanista se gasta dinero a espuertas fuera mientras se recorta dentro; de que se crean "listas negras de jueces" no afines o se roba información fiscal de los ciudadanos (según Vidal, uno de los suyos) o de que se manda a un mosso d’Esquadra a Madrid a espiar en las manifestaciones... ¡Ah!, y de que "España nos roba", claro.

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