AL FIN DE NUEVO CON HARRY

Por Valentí PUIG
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HABRÁ sido un largo fin de semana con «Harry Potter y la Orden del Fénix», en el número 12 de Grimmauld Place a la espera de una imponente convocatoria del Ministerio de la Magia. Todos los que lucharon «contra Quien-tú-sabes» apelan al combate contra lo maléfico en el cuartel general de la Orden del Fénix y eso es sólo el comienzo de la última novela de la escritora J. K. Rowling, quinta de las aventuras da Harry Potter cuando las hipótesis sobre la sexta ya llenan páginas y páginas de Internet sin que hayamos todavía transitado de forma completa los sueños y las pesadillas de esta entrega. Para algunos es la mejor. Sea como sea no se agota la fábula, las transiciones entre la hermandad y el terror, entre la irrealidad y el tacto de lo inverosímilmente verídico.

En la medianoche, cabeceando entre página y página, las horas oscuras del joven mago, de sus amigos y enemigos, han podido más que la determinación biológica del sueño diario. Estábamos como al amparo de una lumbre ancestral que ha iluminado y arropado la lectura de todos los cuentos del mundo. Es postulable que las siete crónicas del país de Narnia escritas por C. S. Lewis o el fragoroso mundo de las guerras de la Tierra Media según Tolkien correspondan a una jerarquía superior de lo soñado: tal vez el sistema que se deduce de las aventuras de Harry Potter sea más efectista y menos complejo, pero el poder de fascinación es coincidente, como retorno a los orígenes de la literatura.

AL cuento relatado junto a la hoguera, cuando los rebaños descansaban en la noche, le sumamos la espléndida truculencia de la novela por entregas y entenderemos las largas colas para comprar la quinta entrega de Harry Potter y la percepción de unas largas noches pobladas de escobas aerodinámicas, varitas mágicas, ausencias aterradoras, aliados poderosos y enemigos más que terribles. Son inolvidables los poderes de Dolores Umbridge, profesora de Defensa contra las Artes Oscuras después de oficiar en el Ministerio de la Magia. De nuevo hay exámenes en las aulas de Hogwarts y la profesora Umbridge no tiene rival en las artes sombrías de la inquisición. Abundan los fantasmas sin nombre por los pasillos del viejo internado, incluso premoniciones de la muerte. Harry está comenzando a aprender que después de la adolescencia vienen las reválidas de la madurez. Amigos y cómplices le echan una mano si pueden pero nada evita al adolescente la grave prueba de la vulnerabilidad. A los quince años, Harry Potter ya es un viejo amigos de los lectores, como Alicia, Frodo, Peter Pan o la Dorothy de «El mago de Oz».

A pesar de algunas reiteraciones de la novela, los lectores apresurados de este «Harry Potter y la Orden del Fénix» seguramente nunca olvidarán aquella tarde lluviosa ante el escaparate de la librería, la premura por tener el libro en las manos. Al otro lado del Atlántico, cuando Dickens publicaba en Londres «La pequeña Dorrit» por entregas mensuales, los buques británicos aún no habían amarrado y ya se les preguntaba a los viajeros como andaban las desgracias de la muchacha. Tolkien se negaba a aceptar que la Tierra Media fuese tan sólo un mundo imaginario y no la tierra misma en la que vivimos. Tan sólo en la elaboración del mito podía el hombre aspirar al estado que conoció antes del pecado original. Por lo que pueda suceder, no está de más ir por la vida con una estaca bien afilada a mano, para poder hendirla imaginariamente en el corazón tenebroso de Lord Voldemort.

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