El nuevo Gotha del corazón

Por Antonio BURGOS/
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TENGO la fórmula para acabar con la televisión basura, la degradación de los noticieros del corazón y la presencia de los chuflas, chuflones y chufillas que salen mucho en televisión... porque salen mucho en televisión, ¿les parece poca razón? Cobrando o sin cobrar, pero sin causa justificada. Sus obras completas caben en media cuartilla. Y sobra papel.

Aprovecho para revelar mi secreto que hoy cumple 2.000 ediciones un programa de TVE donde me parece que ya aplican la fórmula. Me refiero al «Corazón» de esas cuatro estaciones de Vivaldi sin Vivaldi, pero con Ana Igartiburu, la Ginger Rogers vasca que con lo grandes que son los estudios de TVE, nunca acaba de encontrar sitio donde le quepan esas piernas tan largas que le sobran y se le desparraman por el plató. En «Corazón de Invierno», «Corazón de Verano» o «Corazón de Entretiempo» observo que cada vez hay más de lo que llaman con una palabra como con papel de celofán y lazo de seda envolviéndola: glamour (¿por qué no escribe «glamur» la Academia?). Más glamour y menos caspa. Sale mucho actor americano, mucha actriz francesa, mucho modisto italiano, mucho duque inglés, mucho millonario alemán y mucho bollo suizo en los desayunos con diamantes. ¡Bien! Han aplicado mi fórmula. Que consiste en no sacar un solo personaje de las grandes casas andaluzas.

-Pero esas grandes casas andaluzas, Alba, Medinaceli, Osuna, Medina Sidonia, tienen mucho encanto...

No, no me refiero a casas nobiliarias. Esas no son las grandes casas andaluzas. Son otras: las Casas reinantes en el nuevo Gotha del corazón. Por ejemplo, la Casa Janeiro. Para llenar horas y horas de programación baratita, la Casa Janeiro es más importante que las Casas de Hannover y Saboya juntas. Casa que tiene su jefe, el refinadísimo y muy distinguido Jesulín, a quien el Rey pronto creará Duque de Ubrique. Casa que tiene su cabeza de estirpe, Carmen Bazán. Y otro personaje no menos fundamental: don Humberto. Humberto de Saboya es nada al lado de Humberto Janeiro, ¿dónde va a parar? ¿De qué y de cuándo se van a llenar con Humberto de Saboya las horas para las que Humberto Janeiro da el avío a cojetadas que ni las de Romanones? Casa que nos permite admirar a María José Campanario, la amada, y a Belén Esteban, la repudiada como Soraya pero en mejor, porque Soraya no tenía una Andreíta con diadema de fleje y moña a la que dijera:

-Andreíta, coño, cómete el pollo...

No acaba ahí la galería de personajes ilustres de la Casa de Janeiro, que completan don Víctor y su aritmética de coches 4x4; o las damas de la corte de don Humberto, esplendorosas, todo un catálogo de tintes de Henry Colomer Ltda.

Y si tal podemos admirar en la Casa Janeiro, nada digo de la Casa Pantoja, más conocida que la Casa de Habsburgo y entroncada con otras importantísimas: la Casa Rivera y la Casa Ordóñez, a cuyo lado Sajonia-Coburgo es una chabola. Las Casas Reinantes se unían en matrimonios de Estado y las Casas metódicas enlazan entre sí para perpetuar el esplendor... y que siga el cachondeo pasando por taquilla. Casas con ramas, en que los españoles son expertos genealogistas. Mucho más que de la Casa de Borbón Parma o de la Casa de Borbón Dos Sicilias sabemos sobre la Casa Rivera Ordóñez o la Casa Canales Rivera. Por no hablar de la Casa Jurado, ilustrísima; de la Casa Flores, inmemorial; de la Casa Raphael o de la nueva Casa Bisbal. En estas casas, lumbreras refulgentes que convierten en oro cuanto tocan. Y casi todas, de Andalucía: donde el granero de votos del PSOE, el vivero de personajes del corazón. El día que Andalucía deje de suministrar personajes comenzará el ocaso de la basura mediática. Quedarán algunas menores, como la Casa Iglesias o la Casa Preysler, pero muy poco, casi nada. No tienen la menor importancia ante el Gotha mediático meridional. En dos palabras: im-presentables.